Distinta música, distinta película.

La banda sonora es el alma de toda película. Las imágenes no son entendidas igual si vienen acompañadas bien por un ritmo frenético, bien por una atronadora fanfarria, bien por un delicado cuarteto de cuerda, bien por un sencillo solo de piano. Incluso un sobrio silencio sepulcral también puede llegar a tener una alta carga emocional. De haber tenido otra banda sonora distinta, muchas de nuestras películas favoritas no habrían sido tal.

¿Qué habría sido de  “Star Wars“, “El padrino“, “El puente sobre el Rio Kwai“, “Superman“, “Gladiator“, “La Pantera Rosa“, “El tercer hombre“, “La Misión” si hubieran tenido otra banda sonora? Hay películas que son más recordadas por su banda sonora que por su historia. De hecho, tan sólo escuchando su música conseguimos traer los mejores momentos de una película a nuestro pensamiento, a veces viviendo esta situación con intensidad. ¿Quién no ha hecho deporte con el tema de “Rocky“? ¿Quién no ha hecho el ganso en la piscina haciendo el vuelo de “Dirty Dancing“? ¿Quién no ha recibido a un americano con alegría?

En 1975, un joven de prometedora carrera llamado Steven Spielberg, con tan solo 29 años, grabó su tercera película: “Tiburón“.  Trabajaba por primera vez para una de las majors de Hollywood, los estudios Universal, toda una gran oportunidad para su carrera. Si la jugada salía bien, podría tener carta blanca para rodar todas las películas que quisiera. Pero a pocos días de comenzar el rodaje todavía no tenía un reparto asegurado. Para colmo, una vez entrado en materia, el rodaje se alargó por el empeño del director aun inexperto de rodar en mar abierto (quedando sujeto a las inclemencias del tiempo, a cámaras que se mojaban, a barcos ajenos al rodaje que se colaban en el plano). Y para más fastidio, el peso de la película caía en “Bruce”, un tiburón metálico teledirigido que se fastidiaba cada dos por tres y que en cámara no convencía.

Todo se le puso en contra. Spielberg pensaba que  sería el final de su corta carrera como director. La película, con un presupuesto inicial de cuatro millones de dólares, incrementaba su coste a marchas forzadas (acabó costando nueve). Pero todos los problemas fueron superados finalmente por el ingenio del director: con humildad acabó accediendo a rodar en estanques para así poder controlar el agua y conseguir los planos que quería, con imaginación sustituyó al tiburón de hojalata por planos que sugerían su presencia sin mostrarlo en pantalla,  y contando con la ayuda de gente excelente dotó a la cinta de una banda sonora que llenaba de suspense la experiencia de visionado.

La película ganó ese año 3 premios Oscars: mejor montaje, mejor sonido y mejor banda sonora. Además, la banda sonora también ganó un Grammy, un BAFTA y un Globo de Oro. Desde entonces, John Williams, el creador de la banda sonora, ha acompañado con su música cada una de las películas de Spielberg. Desde entonces Steven Spielberg ha llenado su carrera de éxitos. Y desde entonces todos nosotros hemos tarareado más de una vez al bañarnos en la playa el CHAAAAAAAN-CHAN… CHAAAAAAAN-CHAN… CHAN-CHAN… CHAN-CHAN… CHAN-CHAN .. .CHAN-CHAN…