Fargo la serie: como la vida misma.

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Prejuicios y prejuicios. Siempre los malditos prejuicios. Porque uno es muy listo y lo sabe todo. Porque es muy fácil criticar cualquier cosa. Incluso sin conocer directamente lo que se critica. Primero hablas y después miras. Ala, a tirarse al pozo.

Corría el 2013 cuando me enteré que se estaba trabajando en una serie basada en la película Fargo (1996) de los hermanos Joel y Ethan Coen, y tirando de los dichosos prejuicios lo primero que me vino a la mente fue “¿realmente es necesario hacerla?”. Lo segundo fue un sarcástico “qué original”. Y lo tercero quedó en “¿la peli da como para hacer una serie?… “.

Ganas, lo que se dice ganas por ver la serie, no tenía muchas. Pero bueno, siempre me gustó el cine de los Cohen y me veía obligado a verla. Así que un buen y desocupado día de verano de 2014 me puse a ver el primer episodio. Cuando terminó, tras un martillazo del protagonista y un resoplido mío, tenía que ver el segundo. Y antes de acabar la semana ya me ví la primera temporada. Y qué equivocado estaba yo con esta serie: sí, la película da para hacer una serie de calidad y ¡muchas más temporadas!

De hecho, hasta la fecha ya van tres temporadas. Y cada cual más buena.

El creador de la serie es Noah Hawley (quédate con su nombre) y a él corresponde el éxito de la serie. Ha desarrollado unos sólidos guiones, con historias que te dejan reflexionando acerca de lo visto y con personajes que están llenos de cotidianidad. Y lo ha hecho bien. Sin prisa. Madurando cada temporada. Evitando ser preso del éxito. De hecho, de una temporada a otra se ha tardado más de un año y medio en estrenarse, porque la serie debía cumplir con sus estándares de calidad. Lo bueno se trabaja. Se trabaja mucho.

Del feo y provinciano ambiente de la película ha extraido una atmósfera cargada de marrones, grises y mucha, pero mucha nieve, cuyo blanco se ve roto en ocasiones por el rojo de la sangre. Tomando como escenario a los pequeños pueblos del medio rural de Minnesota y Dakota del Norte, donde cualquiera pensaría que nunca pasa nada, ha dado interés a historias de gentes con vidas sencillas a las que en un momento todo se les complica.

En la serie tenemos a tontos que se empoderan. Simples que se creen capaces de triunfar con ayuda de la maldad y el egoismo, pues qué coño, se merecen lo mejor. Infelices que se acaban estrellando en su intento de ser quien nunca fueron.

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Tenemos malos, con carné de malos, a los que se les coje cariño: un asesino a sueldo con su propio código ético, un nativo norteamericano miembro de un clan mafioso y un experto en el blanqueo de capitales violento y bulímico al que da mucho asco verlo comer.

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Y también tenemos buenos que llevan el peso de la historia y a los que, por cierto, se les pone todo cuesta arriba. Gente sencilla, íntegra y con valores, que a base de humildad, constancia e inteligencia lograrán llegar a buen puerto.

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¿Acaso no es como la vida misma? Pues no. Ni todo el mundo es tan malo, ni todo el mundo es tan bueno. Pero en cualquier caso, te invito a ver la serie. Pasarás muy buenos ratos y te ayudara a desconectar de tanta tontería que hay por el mundo.

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“Una historia real. Por respeto a los vivos se han cambiado los nombres de los protagonistas; por respeto a los muertos se ha contado todo tal y como ocurrió”.

 

 

 

 

 

La banda sonora de mis cuarenta años.

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Dicen quienes me conocen que cuando hablo de cine no tengo criterio, pues todas las películas me gustan. Y es que de todas suelo sacar algo bueno, principalmente porque les pido a cada una lo que se puede esperar de ella y no más. Por ejemplo, si veo una de Spielberg, además de una buena historia, le pediré fotografía, planteamientos de cámara, interpretación, banda sonora; pero si veo una película de los hermanos Farrelly, tan sólo le pediré pasar el rato, reírme un poco y no más. Al fin y al cabo siempre hay una película para ver en cualquier momento de nuestra vida, ya sea de ahora, de ayer o de siempre.

Pues con la música me pasa igual. Me gusta toda ella. Y lo mismo: para cada momento de nuestra vida hay una canción esperando. Van pasando los años y sin darnos cuenta, a lo largo de nuestra vida, vamos conformando nuestra propia banda sonora, de tal manera que al escuchar cada una de las canciones que la integran evocamos momentos,  caras de seres queridos, sensaciones, olores… auténticos videoclips que rodados en primera persona quedaron grabados en la cinta VHS alojada en nuestra mente.

Así que en el día de hoy, día de mi cuarenta cumpleaños, quiero hacer un homenaje a canciones que han pasado por mi vida y que han conformado la banda sonora de mis primeros cuarenta años. Y qué mejor que hacerlo con esta lista de canciones, ordenadas por cada uno de mis cuarenta años. Así que ahí va:

  • 1977: “Stayin’ Alive” (Bee Gees). Éxito a raíz de la película de “Fiebre del Sábado Noche”, años más tarde la bailé con varios compañeros en un festival del Instituto.
  • 1978: “Hopelessly Devoted to You” (Grease Soundtrack). La película “Grease” es un clásico del cine y del género del musical. Si bien todas sus canciones son muy buenas, yo me quedo con la almibarada rubia Sandy cantando a su Danny Zuko.
  • 1979: “Superman” (Miguel Bosé). Ya de pequeño me gustaban los comics del superhéroe y también ese chaval que tan bien bailaba por televisión. Tal vez algún día yo podría ser el Billy Elliot de mi pueblo.
  • 1980: “Santa Lucía” (Miguel Ríos). Una canción que puse muchas veces en el tocadiscos, en el radio-casete y de las primeras en descargarme en mp3.
  • 1981: “Pavo Real” (José Luis Rodríguez “El Puma”). Si bien se publicó originalmente en 1980, la canción triunfó en España en el verano de 1981. Unos cuantos años más tarde me acompañaría en varias buenas noches de fiesta.
  • 1982: “Bailando” (Alaska y los Pegamoides). Mira que han pasado años y todavía sigue siendo una canción para disfrutarla… bailando.
  • 1983: “Barrio Sésamo” (versión Espinete). Aún hoy se repite la música de su cabecera en mi cerebro de manera recurrente, de forma placentera, por cierto. Esta música me evoca a mi infancia y a agradables tardes en casa de mis primas. Hoy día me complace ver que el programa en su nueva versión también contenta a mi hijo.
  • 1984: “Thriller” (Michael Jackson). El álbum fue lanzado a finales de 1982, se comercializó en España durante 1983 y pegó un pelotazo después de que en el especial de Nochevieja de RTVE “Viva 84” de “Martes y Trece”se estrenara su vídeo musical, considerado hoy día como uno de los mejores vídeos musicales de la historia.
  • 1985: “Material Girl” (Madonna). Una de mis rubias favoritas. A finales de 1984 lanzó el album “Like a Virgin”, con buenas canciones, pero esta es la que más me gusta, sobre todo por su vídeo músical, homenaje a la película “Los caballeros las prefieren rubias” (1953).
  • 1986: “Voyage Voyage” (Desireless). Creo que va a ser la única canción en franchuten que voy a poner, aunque hay muchas canciones francesas que son más bonitas que esta. No obstante, esta canción sonó mucho este año y quedó en mi recuerdo.
  • 1987: “Bad” (Michael Jackson). Para este año tenía que elegir entre el “Boys, Boys, Boys” de Sabrina (sus pechos bombardearon las retinas de miles de niños por aquel entonces) o esta canción. No ha habido duda. Hoy día habrá quien discuta acerca de la imagen del cantante, pero lo cierto es que fue el Rey del Pop y marcó toda una época. Esta canción volvió a ser todo un éxito y volvió a contar con un excelente vídeo musical (dirigido  por Martin Scorsese).
  • 1988: “Always on my mind” (Pet Shop Boys). La canción no era nueva. Antes que ellos la versionaron grandes de la canción como Elvis o Willie Nelson. Pero esta canción iba impregnada del sonido tecno que siempre ha caracterizado a los británicos Pet Shop Boys, y si bien esta canción es una de mis favoritas, para mí esta es la versión que más me gusta.
  • 1989: “Adiós papá” (Los Ronaldos). Preparando la bienvenida a la adolescencia y a las ganas de pedir dinero.
  • 1990: “Si bastasen un par de canciones” (Eros Ramazzotti). Una bonita canción para pensar en todos aquellos que están abandonados, con un futuro indiferente, sin un pasado, sin un presente. Por desgracia, la canción continúa teniendo vigencia.
  • 1991: “Shiny Happy People” (REM). Es una canción que gusta a toda una generación. Hubo una época en que la ponían en todos los pubs. Iba en el album “Out of Time” (uno de los últimos vinilos que entraron en casa).
  • 1992: “Smells like teen spirit” (Nirvana). Llegaba el grunge o sonido Seattle, de la mano de una banda de jóvenes liderada por un pavo apenao de pelo grasiento que se quitó del medio unos cuantos años después. Que penica de zagal y qué buenos eran los jodios.
  • 1993: “Amazing” (Aerosmith). Mi favorita del redondo álbum “Get a Grip”. Lo tenía grabado en un casete de cromo de TDK que durante un año estuvo sonando en mi Walkman “autoreversible”.
  • 1994: “Sympathy for the Devil” (Guns N’ Roses). Vale: la canción es de los Rolling Stones y de antes de que yo naciera. Pero la conocí al formar parte de la película “Entrevista con el Vampiro”, como también me llevó a conocer todas las Crónicas Vampíricas escritas por Anne Rice. Siempre que la escucho me acuerdo de Lestat.
  • 1995: “Wonderwall” (Oasis). La canción sonó por toda Europa y USA durante todo el año. De hecho, es con diferencia la canción más famosa de este par de hermanos.
  • 1996: “Wannabe” (Spice Girls). No te lleves las manos a la cabeza y reconoce que la has bailado. Que te caiga mejor o peor alguna de ellas, no desmerece el enorme éxito que tuvieron.
  • 1997: “La flaca” (Jarabe de Palo). Si bien la canción se publicó en 2016, fue en el verano de 2017 cuando la canción se convirtió en un hit gracias a un anuncio de televisión (Duca-2 music). Tan pegadiza que aún la canto y canto.
  • 1998: “Oye” (Gloria Estefan). Y que le iba a hacer si por aquella época tenía las hormonas funcionando y la noche me confundía… mi cuerpo pedía salsa.
  • 1999: “Ciega, sordomuda” (Shakira). Entonces era morena y tenía un toque rebelde (que hoy día a perdido) pero me conquistó por su voz. Tiene una voz muy personal, además de todo mi respeto.
  • 2000: “It’s my life” (Bon Jovi). Estupenda canción para poner en el coche a todo trapo y que te de un subidón-subidón.
  • 2001: “Nada de ná” (Café Quijano). Un par de años después de petarlo con “La Lola”, apareció “La taberna del buda”, un álbum grabado en Los Ángeles con una producción muy cuidada. Fue el disco del año y parte del 2002.
  • 2002: “Hurt” (Johnny Cash). Es uno de los grandes cantantes de la historia de USA. Esta canción de recapitulación ante el próximo final de la vida fue su último éxito antes de su muerte en 2003. La canción me toca la fibra, porque cuando llegue a mis segundos cuarenta años y revise mi vida, no quiero pensar en volver atrás y cambiar mi pasado.
  • 2003: “Bring me to Live” (Evanescence). Lo único bueno de la película “Daredevil”(estrenada ese mismo año). Tiene un punto gótico y peliculero, guitarreo del bueno y siempre que acabo escuchándola tan sólo quiero seguir disfrutando de la vida.
  • 2004: “Andar conmigo” (Julieta Venegas). Esta canción se publicó a finales de 2003, pero sonaba mucho en 2004. De hecho sonaba mucho cuando empecé a salir con quien hoy es mi mujer.
  • 2005: “Canta corazón” (Alejandro Fernández). Yo ya conocía a su padre (por sus rancheras), pero ese año publicó su “Mexico-Madrid: en directo y sin escalas” y me ganó. Pues además de cantar melódico, es un fenómeno cantando rancheras y cantando sobre un escenario.
  • 2006: “En que estrella estará” (Nena Daconte). Tras el pelotazo del primer Operación Triunfo en 2001-2002, llegó una segunda temporada. De 17 concursantes, la primera en salir de la academia fue Mai Meneses. No se supo nada de ella hasta 2006, año en el que con el grupo Nena Daconte sacó esta estupenda canción que además tuvo un gran éxito, consecuencia de creer en ella misma y de trabajar mucho para obtenerlo.
  • 2007: “Grace Kelly” (Mika). Buen rollo. Buen rollo. Buen rollo. Para saltar de alegría como un crío.
  • 2008: “Hot n Cold” (Katy Perry). Año en el que aparece Katy en el mercado y desde entonces no ha parado. Esta canción la tengo en casi todas las listas de reproducción de mi móvil.
  • 2009: “Human” (The Killers). Este año empecé a darle vueltas a la vida, su sentido, las gentes que hay en ella, las gentes que dejan de estar en ella y en por qué pasan ciertas cosas. ¿Somos humanos? Por cómo se comportan algunos, en ocasiones creo que no.
  • 2010: “Love the way you lie” (Eminem ft. Rihanna). Esta canción me ayudó a canalizar odio, frustración e ira en el peor año de mi vida. Las cosas no salen como las esperas. La gente miente, engaña, utiliza, defrauda… menos mal que el año acabó y todas esas emociones quedaron atrás.
  • 2011: “Some one like you” (Adele). Este año tampoco es que fuera muy bueno. En proceso de recomposición, nueva pérdida. Pero afrontar la vida como viene nos fortalece como personas.
  • 2012: “Call me maybe” (Carly Rae Jepsen). Nuevas metas. Nuevas ilusiones. Nuevas esperanzas. Aquí tienes mi número, llámame y te las cuento.
  • 2013: “Cero” (Dani Martín). José Antonio llegó a la familia sonando esta canción por las radios. Empezábamos de cero.
  • 2014: “Diez mil maneras” (David Bisbal). De triunfito con éxito a un cantante de carrera consolidada. No hay extremos. No todo es blanco o negro. Nada es imposible. Siempre hay diez mil maneras de ver y entender las cosas.
  • 2015: “El mismo Sol” (Álvaro Soler). Canción en positivo. Aunque muchas veces no lo parezca, todos somos iguales bajo el mismo Sol.
  • 2016: “Can’t Stop the Feeling” (Justin Timberlake). Ya que el padre tiene que ver la peli con el crío, al menos que la música sea buena. Y que completo es Justin. Vale p’a tó.
  • 2017: “Y si fuera ella” (Varios). No. No pongo el “Despacito”. En todos los años pasados, otros muchos artistas también han desfilado por mi vida. Y casualidades de la vida, como homenaje al gran Alejandro Sanz, muchos de estos buenos cantantes dejaron esta versión.

Y ya está. Este es mi breve repaso a mis cuarenta añacos. Si quieres puedes dejar tu opinión al respecto.

Ahora tan sólo queda esperar a mis segundos cuarenta años para que publique la siguiente lista.

 

 

 

 

 

¿Cuando fue la última vez que…?

VUELVE A (1)

¿Cuándo fue la última vez que fuiste andando por la calle dando saltitos y batiendo los brazos por el aire? Seguro que ya no te acuerdas. Pero hubo una época en que lo hacías prácticamente a menudo. Para ir a cualquier lugar, más cercano o más lejano. Allá cuando no existían preocupaciones. Allá cuando cada saltito que dabas era la viva expresión de la alegría de tu alma. Y no como ahora, que a tus treinta y tantos te cuesta regalar sonrisas, porque hay que controlar las emociones, hay que dar la imagen de persona seria y ante todo hay que demostrar a los demás que tu eres una persona fría que no se deja pisar por nadie.

¿Cuándo fue la última vez que soplaste un molinillo de viento? Sí, de esos de papel de colores, clavado en un palo o en una pajilla de plástico. ¿Cuánto tiempo dedicaste a soplar y a disfrutar de su ligero movimiento? Seguro que ya no te acuerdas. Pero hubo una época en que todo lo que había a tu alrededor se paraba porque tu sólo tenías ojos para el pequeño tornado de color que giraba según el capricho de tus pulmones. Y en ese momento eras feliz. Y no como ahora, que a tus cuarenta y tantos no tienes tiempo de perder el tiempo. Eso es un lujo imposible para ti, profesional con abultada agenda, con una gran cantidad de compromisos contraídos, con un trabajo que te atrapa y con una familia que te absorbe.

¿Cuándo fue la última vez que te balanceaste en un columpio? ¿Cuándo fue la última vez que sentiste la emoción de ver cómo tus pies tocaban el azul intenso del cielo? Seguro que ya no te acuerdas. Pero hubo una época en que te gustaba sentir mariposas en el estómago cuando hacías algo emocionante. Desde que aprendiste a darte tu mismo en el columpio, cada vez que llegabas al parque te ponías como meta llevar a tus pies al punto más alto del cielo. Y era una sensación que te pedía más y más. Y no como ahora, que a tus cincuenta y tantos sólo apuestas por lo seguro (de hecho, ya ni apuestas). Únicamente vives por preservar tu casa, tu familia, tu perro, tu trabajo. Tan sólo pides una vida ordenada. De las de sota, caballo y rey. Sin sorpresas, sin sobresaltos.

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste como un niño? ¿Cuándo fue la última vez que expresaste tu felicidad de forma espontánea y directa? ¿Cuándo fue la última vez que jugaste tan sólo porque te apetecía? ¿Cuándo fue la última vez que tu cuerpo vibró de emoción? A todos se nos olvida que una vez fuimos niños, que una vez fuimos despreocupados, que una vez fuimos capaces de asombrarnos por las cosas más sencillas y que una vez fuimos capaces de emocionarnos simplemente jugando.

Hoy veo a mi hijo de cuatro años hacer todas esas cosas y, además de darme una envidia de morirme (nunca he creído en la falsedad de la envidia sana), en cierto modo añoro aquella feliz infancia que hace ya muchos años dejé atrás. No obstante, procuro tener presentes estas preguntas en mi día a día. Es importante no olvidar aquellos buenos hábitos de nuestra infancia que tan felices nos hicieron. Siempre debe haber hueco en nuestra agenda para hacer aquello que nos hace felices, aunque sea tan sólo por un rato. Despreocúpate de vez en cuando. Pierde el tiempo en contemplar las cosas bellas que te encuentras (piensa que puedes estar invirtiendo en tu felicidad).  Juega ya sea sólo o con amigos.

Y lo más importante, pasa todo el tiempo que puedas con los pequeños de la casa. Ellos tienen mucho, pero mucho que enseñarnos. Siendo como ellos, seremos mejores personas.

Con la wifi “on-my mind”

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MIT Conference room – Presentación “Proyecto Allways on my mind”

Ya es una realidad: científicos del MIT han conseguido implantar un sistema de conexión wifi en seres humanos, concretamente en varios sujetos que se presentaron como voluntarios y que fueron cuidadosamente seleccionados, toda vez que los primeros experimentos llevados a cabo con moscas de la fruta, ratones, primates y cerdos vietnamitas tuvieron un resultado exitoso.

Este importante logro ha sido posible a los importantes avances alcanzados en los últimos años en cuanto a Biotecnología aplicada a la Medicina, en los que han desempeñado un papel muy activo e innovador las fundaciones filantrópicas de importantes empresas de telecomunicaciones y servicios de Internet.

El Doctor August Emmerich, Director Jefe del Proyecto “Allways on my mind” expuso el pasado martes los resultados obtenidos tras efectuar un seguimiento de un año completo a los diez sujetos que voluntariamente se les insertó en la zona del hipocampo una NNC (Neural Network Card), una minúscula tarjeta neuronal de red con un interfaz integrado que, con la propia energía del cuerpo humano, es capaz de conectar su red neuronal a redes inalámbricas mediante tecnología wifi, valiéndose del ancho de banda de los 5GHz, por lo que se asegura una gran velocidad de conexión. El límite lo pone su cerebro.

¿Qué utilidades tiene la NNC?

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NNC (Neural Network Card)

Aunque el desarrollo de esta nueva tecnología no tiene límite, entre las utilidades que ha expuesto el Doctor Emmerich, destacan las siguientes:

1º) Superconectividad: su cuerpo ya puede conectarse a la aldea global. Toda la información que necesite quedará al alcance de su mente en cuestión de microsegundos. GoogleWikipedia, Facebook, YouTube, Amazon… todos ellos manejados con su cerebro. Aprender sin estudiar será posible.

2º) El cerebro como unidad de almacenamiento: en función de la memoria de cada sujeto, usted podrá añadir aplicaciones de productividad, de entretenimiento, de inmersión en realidad virtual, y, lo más importante, de monitorización de su estado de salud. Ya no será necesario acudir al médico. A tiempo real se le comunicará cualquier alarma que se produzca en su cuerpo (problemas de salud, calorías consumidas al cabo del día, distancia recorrida o el número de veces que ha pasado por el aseo).

3º) Geolocalización: la brújula interna, que todo humano lleva dentro, informará de su posición en todo momento gracias a la NCC. Este sistema permitirá localizar a terceras personas de su interés de forma sencilla y rápida, dejando obsoleta la geolocalización por satélite y la triangulación de señales terrestres.

4º) Adiós a la burocracia: las Administraciones Públicas tendrán hilo directo con el ciudadano. Adiós al Documento Nacional de Identidad, al número de la Seguridad Social o al Carné de Conducir, de Pesca, de Caza o de la Biblioteca. Adiós definitivo al papel. Y lo mejor, por fin habrá un medio definitivo para comprobar la correcta conducta de los ciudadanos, garantizándose en todo momento la seguridad de la población civil, de manera que ante la mínima conducta de riesgo detectada, el ciudadano infractor será bloqueado de inmediato.

Problemas a solucionar.

Después de un año completo de seguimiento por parte del numeroso equipo de científicos liderado por el Doctor Emmerich a los diez sujetos a los que se les implantó una NNC, se detectaron varios problemas, los cuales aún se encuentran en trámites de solución:

  • Pese a tener toda la información posible a su alcance, los sujetos no han hecho uso para ampliar conocimientos, sino para interactuar con terceros. Han accedido más a Meetic o Badoo que a Wikipedia, portales de formación, o webs especializadas. Los portales de porno también han sido muy visitados por varios sujetos.
  • El software ha presentado ciertos problemas que han incomodado a algunos sujetos, pues sin querer, varios de ellos han publicado por error imágenes capturadas por su visión en redes sociales, de las cuales algunas de ellas se han hecho virales. El sujeto 2 (hombre) miró el escote de la mujer de su vecino y apareció en Facebook con un “me gusta”. El sujeto 7 (mujer), durante la boda de una de sus amigas, publicó en Twitter su opinión respecto a la novia con el texto “qué feliz está esa perra… no sabe que me tiré al novio anoche”.
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Publicaciones erróneas en redes sociales

  • El software de intercambio de pensamiento también debe pulirse. No se han podido habilitar los filtros necesarios para evitar que los 10 no queden expuestos a la total verdad de los demás. De hecho, los sujetos no quieren encontrarse entre ellos. Es molesto saber cuándo un sujeto quiere ir al aseo, cuándo un sujeto tiene pensamientos libidinosos, cuándo a un sujeto le pica la nalga izquierda o cuando un sujeto no puede parar de tararear para sus adentros “La Macarena”.
  • Tampoco se ha podido avanzar mucho con respecto a la descarga directa de contenidos para el cerebro, toda vez que hay muy poco contenido desarrollado para tal fin. No obstante el equipo científico ha quedado un poco perplejo con un sujeto que ha sido capaz de descargarse una gran cantidad de música y películas mediante portales de enlaces de P2P. Es español.
  • El sistema de geolocalización se interrumpe y una voz que dice “recalculando” empieza a repetirse en el interior de los sujetos, una y otra vez, llegando a molesta. Una manera que han descubierto los sujetos de interrumpir el sistema de geolocalización es envolver sus cabezas en papel del aluminio. Al principio molestaba a los sujetos que sus familiares y amigos se sorprendieran de verlos con la cabeza envuelta en papel de aluminio, pero la creatividad de los sujetos se ha disparado y ahora llevan unos bonitos gorros muy elaborados.
  • Con respecto a relaciones con las administraciones públicas no se ha podido ver nada. Se espera que en veinte años muchas de ellas dejen de trabajar con Windows XP y Windows Server 2003.
  • También hay que trabajar con respecto a la seguridad e instalar firewalls y antivirus en la NCC. Al menos cuatro sujetos fueron víctimas de un ransomware. El sujeto español compartió con otros tres varios contenidos descargados que estaban infectados. Los cuatro sujetos estuvieron en cuidados intensivos durante dos semanas ya que tuvieron que ser formateados para posteriormente reinstalarles su copia de seguridad.

Próximos retos.

El desarrollo de la NNC es tan sólo un paso para todo lo que vendrá. El tiempo en que la humanidad será un sólo pensamiento se acerca. Todos seremos uno, todos sentiremos como uno, todos pensaremos como uno. Compartir alegría, tristeza, orgullo, hambre, satisfacción, dolor… a la vez. Adiós a las clases, adiós a las luchas, adiós a las intolerancias, adiós a las discriminaciones. El día en que la raza humana actúe como una colmena está próximo.

Claro, que con la mierda de cobertura de ADSL que me llega a casa, cerca, lo que se dice cerca, va a ser que no. ¿Estamos tontos o qué?

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Buscando señal wifi por mi pueblo

Westworld: mi favorita en 2016.

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Hace unos días que disfruté la primera temporada de la serie de HBO “Westworld”, realizada con la buena factura propia de la casa, escrita por Jonathan Nolan, producida por J.J. Abrams, protagonizada por buenos y conocidos actores y que además nos trae una interesante historia de ciencia ficción que consigue que más de uno se plantee el hecho de que, en un futuro no muy lejano, una máquina podría llegar a adquirir conciencia por sí misma.

La idea no es nueva. De hecho la serie está basada en la película del mismo nombre (en su traducción al español, “Almas de Metal”) que en 1973 realizó Michael Crichton (sí, el de “Parque Jurásico”), que a su vez estaba basada en su propio libro. Y es que se ha escrito mucho sobre las posibilidades de la inteligencia artificial y también se ha rodado mucho tanto para cine como para televisión: los replicantes de “Blade Runner”, el ordenador HAL de “2001:una Odisea del Espacio”, el pequeño David de “Inteligencia Artificial”, la pequeña española “EVA”, los 7 cylons humanoides de “Battlestar Galactica”… todos ellos máquinas con alma que han llevado el peso de sus respectivas historias.

La idea de la máquina con alma a mí me impacta bastante desde el punto de vista de la razón, pero también desde la fe. Cuanto más conozco del cuerpo humano, más lo entiendo como una máquina compuesta de materia viva, movida por química e impulsos eléctricos, cuyo fin es asegurar su propia existencia.

Cuando en ocasiones me pongo existencial a consecuencia de las dudas que me asaltan con respecto al por qué de mi mortal existencia, acudo a los psicotrópicos, a la botella de Anís del Mono, y ya puesto, también a la fe, siempre obteniendo la misma simplona respuesta. La misma simplona respuesta que desde el comienzo de los tiempos, cultura tras cultura, ha logrado aplacar las dudas referentes a su existencia de otra mucha gente: nos ha creado un ser superior. Ya sea Dios, una sociedad alienígena avanzada que nos cría como ganado o simplemente que vivimos en “Matrix” (nene, ¿qué te has fumado?) y que no somos más que meros programas.

Aunque una plausible respuesta pudiera ser que el Universo en sí es consecuencia del libre albedrío y que no hay nada más detrás del misterio de la vida, los mortales preferimos creer en ese argumento mágico por nuestra autoafirmación, por no estar continuamente en la inseguridad. Por ello, ante toda idea impregnada de cierto misterio, el ser humano tiende a relacionarla con entes de inteligencia infinitamente superior a la nuestra. Desde la creación de la vida en La Tierra, pasando por la construcción de las pirámides, la finalidad de las pistas de Nazca, las piedras de Stonehenge, y acabando con la melena al viento de Trump o la “Salchipapa” de Letizia Sabater.

En “Westworld” contamos con creadores y creados. Se nos enseña cómo los creadores programan recuerdos de vivencias no vividas a los creados para que estos tengan las respuestas necesarias para acallar los vacíos de su propia existencia, para poder atender sus porqués respecto a la vida. Sufrimos con los creados ante cada reinicio del eterno bucle en el que viven cada día, abriendo los ojos por la mañana en su cama y cerrándolos en cualquier otra parte atónitos al sentir el desagradable desgarro de una bala rompiendo su cuerpo. Y expectantes durante toda la trama, asistimos al despertar de la conciencia en los creados, sabedores de que son creaciones de otros seres, aunque acaso ¿más inteligentes?

En definitiva, vemos como un tema recurrente de la Ciencia Ficción se nos presenta en un formato visual sumamente cuidado y con un relato que, además de enganchar al telespectador, trasciende a temas meramente metafísicos, sobretodo porque si bien hoy puede sonarnos a fantasía y entretenimiento, tal vez dentro de 50 años pueda sonarnos a realidad, y además de ver robots como elementos de cotidianidad, incluso sea posible que una inteligencia artificial replique nuestros pensamientos, nuestra alma, para el resto de la eternidad (sí, incluso la de Letizia Sabater).

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El mejor musical de todos los tiempos.

“El Mago de Oz” (1939), “Un día en Nueva York” (1949), “Siete novias para siete hermanos” (1954), “West Side Story” (1961), “My Fair Lady” (1964), “Mary Poppins” (1964), “Sonrisas y Lágrimas” (1965), “Cabaret” (1972), “Grease” (1978), “La Bella y la Bestia” (1991), “Moulin Rouge” (2001), “El otro lado de la cama” (2002), “Chicago” (2002), “El fantasma de la Ópera” (2004), “Mamma Mía” (2008), “Los Miserables” (2012)… ¿Qué tienen en común todas estas películas? Pues sí, seguro que lo has adivinado mi avezado lector: son musicales (y de los buenos).

El musical es un género que a muchas personas les tira para atrás por eso de tener que estar toda la película leyendo subtítulos (ya cuesta ponerse a leer cualquier cosa, para encima leer viendo una peli), o por eso de que los actores no hablan, lo cantan todo, hasta si van a ir al mercado a comprar pepinos (es un mu-si-cal… lo normal es que canten). Los musicales son como los videoclips, pero más largos, con muy buena música, mejor historia y aún mejor realización. Y es que se trata de un genero que me divierte, me emociona y del que siempre aprendo cosas (claro que algunas más útiles que otras).

Como a mucha gente de mi edad, mi afición al cine se fraguó en los años ochenta (década hortera, cutre y falta de medios que muchos, yo incluido, añoramos sin saber muy bien por qué). Si bien mis padres me llevaban al cine de vez en cuando, tuve la suerte de proveerme de muy buenas películas gracias a las cintas de VHS del videoclub de mi calle. Claro que también pude descubrir otras muy buenas películas gracias a las gratas sesiones de cine que ponían en televisión en lo que fue su edad dorada en España, allá cuando tan sólo teníamos dos canales: la primera cadena y la segunda (el UHF). Y es que gracias a Televisión Española, que este año cumple 60 años de vida, pude ampliar esa pequeña base de datos de películas que llevo alojada en mi cabeza.

El mejor musical de todos los tiempos llegó a mí de la mano de TVE en abril de 1988: “Cantando bajo la lluvia” (1952). Hasta esa fecha tan sólo había tenido ocasión de ver la maravillosa escena de baile, agua y paraguas, en la que un hombre de felicísimo aspecto cantaba calado bajo un aguacero, bien por otras películas, bien por programas de televisión, bien por una simpática y colorida versión que hizo Mayra Gómez Kemp en el “Sabadabadá” (1981-1984). Pero en aquella ocasión por fin pude verla entera y por ella es que desde entonces me aficioné al entretenido género del musical.

Claro, que por aquel entonces la ví con los ojos de un crío al que le gustaba mucho el cine. Fue con el paso de los años, cuando pude apreciarla tanto como para convertirla en una de mis películas de cabecera, por motivos tan interesantes como estos:

  • Por su colorido: rodada en mágico Technicolor, que a día de hoy continúa teniendo un enorme impacto sobre nuestra vista al contar con su magnífica gama de colores saturados.
  • Por sus excelentes números musicales: si el famoso número de “Singing in the rain” es bueno, aún es mejor el “The Broadway Melody” de la parte final, donde Gene Kelly comparte escena con una sensualísima Cyd Charisse (bella actriz de interminables piernas)  y que acaba con un cierre coral y colorido cuya realización haría escuela.
  • Por ser una película que habla de cine y que cuenta con un más que interesante argumento de fondo: la llegada del sonido al cine. En el año 1927 los hermanos Warner estrenan “El cantor de Jazz”, la primera película con sonido sincronizado. Ese gran avance tecnológico afectó de lleno a todos los estudios de Hollywood, que para continuar siendo rentables debían de subirse a ese carro, pero afectó aún más a las estrellas de sus películas. Muchos actores de cine mudo tuvieron que dejar de hacer cine bien porque no tenían un registro adecuado de voz, bien porque sus actuaciones quedaban sobreactuadas. Ya no bastaba una cara bonita. Los actores de las películas tendrían que saber actuar al menos tan bien como los de teatro y para ello, muchos tendrían que formarse, reciclarse, adaptarse a la evolución de los tiempos.
  • Por contar con un guión de encargo finamente hilado: el guión fue encargado por el productor de MGM Arthur Freed a dos guionistas con la intención de retomar antiguas canciones de musicales de los años 30. Los guionistas tuvieron que componer una historia en la que encajaran todas estas canciones. Y la verdad, es que tuvo un gran resultado. No todo el mundo es capaz de montar una buena película por encargo (que se lo pregunten a los guionistas de “Batman vs Superman”).
  • Por Arthur Freed: inició su carrera artística escribiendo canciones para espectáculos, pero llegó al cine de la mano de Louis Mayer, el jefe de MGM, quien lo puso de ayudante de producción de “El Mago de Oz”. Gracias al éxito de la película acabó como productor encargado del departamento de musicales del estudio, obteniendo los mejores musicales de los años 50 (edad dorada del género), siendo premiado con dos oscars y descubriendo grandes valores del cine musical como Vincente Minelli, Stanley Donen o Gene Kelly.
  • Por Gene Kelly: de joven iba para economista, pero tras el crack de 1929 no habían muchos sitios para trabajar como tal y simplemente tuvo que buscarse otra cosa. Gracias a que bailaba desde bien chico, pudo llegar a los escenarios de Broadway, donde lo conoció Arthur Freed quien lo contrató para trabajar en MGM. Si en el mítico estudio es donde hizo sus mejores papeles, es en “Cantando bajo la lluvia” donde su sonrisa se come la cámara y su baile hipnotiza, a la par que alegra el alma de quien lo ve. Y uno quiere ser él.
  • Y por la escena del baile bajo la lluvia: la mejor escena de un musical rodada jamás. ¿Sabías que esta canción no estaba incuida en el guión original y que cuando la incorporaron en un nuevo borrador iba a cantarla la actriz de la película?¿Sabías que la grabación de esta escena duro casi tres días? ¿Sabías que Gene Kelly la grabó con 39 grados de fiebre pese a estar empapado durante toda la grabación?

Así que ahí te dejo la mejor escena musical de todos los tiempos, para tí, para tu disfrute:

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Espero que si aun no has visto “Cantando bajo la lluvia”, lo hagas algún día. Que no sea porque no te he dado motivos.

 

La máquina inmóvil.

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Si cosas buenas tiene el verano para mí, de la cosa que más disfruto es la de poder devorar libros, sentado a la sombra, buscando el fresco (creeme, en Murcia lo hay) y gozando de las largas siestas de quienes me rodean.

Unos veranos me he centrado en grandes clásicos, otros en la Tierra Media, otros en tiempos de conquistadores, otros en tiempos de guerra, otros en inviernos que parecen no llegar nunca, otros entre amores y espías, otros entre vampiros sanguinolentos y asexuados, otros entre las reglas de la robótica y este verano, no sé por qué, ha tocado como tema de fondo el apasionante mundo de la Administración del Estado.

Por un lado me he leido la recopilación de “Artículos” de D. Mariano José de Larra, donde figura el excelente “Vuelva Usted mañana”. Por otro, “Miau” de D. Benito Pérez Galdós, novela muy entretenida y de ágil lectura. Ambos textos muy recomendables, tanto por entretenidos como por actuales, y eso pese a haber sido escrito el primer libro en 1833 (año en que murió el rey felón, Fernando VII) y el segundo en 1888 (época de la Restauración borbónica, Regencia de María Cristina). Tras su lectura, uno comprende lo poco que ha cambiado desde entonces la esencia de la Administración y, por ende, la propia España.

Y es que me ha llamado mucho la atención la escasa capacidad de cambio, el tremebundo inmovilismo, la minúscula voluntad de mejora del sistema administrativo español. Cómo puede ser que desde 1800 hasta la fecha, con la multitud de cambios de gobiernos sufridos, con los increibles logros técnicos y culturales conseguidos, con los grandes éxitos alcanzados por la sociedad civil de España, sus empresas (hoy más presentes en el mundo que nunca) y sus ciudadanos (actualmente los más formados de la historia de España), la Administración del Estado sigue manteniendo la misma lapidaria esencia: burocracia pesada, modelos de mil colores y trámites inacabables.

La Justicia es lenta, y por lenta ineficaz. Si inscribir un hijo en el Registro Civil puede llegar a ser toda una aventura, no quiero pensar en vivir en primera persona una demanda por vía civil. La Sanidad Pública registra grandes listas de espera y algunos de sus usuarios peregrinan entre hospitales como quien hace el Camino de Santiago, incluso hay pacientes que han tenido que empadronarse en una u otra ciudad para poder ser atendidos en uno u otro hospital. Realizar trámites ante la temida Hacienda, reclamar una multa de tráfico, pelear por el valor catastral de tu vivienda que sube y baja según el criterio de no sé quién… en cualquiera de los casos hay que armarse de paciencia, ponerse en manos de profesionales, documentarse todo lo posible y ante todo dar con un funcionario de buen espíritu que te haga el favor del siglo.

Sí, el favor del siglo. Por suerte hay buenos funcionarios, que conocedores de la torpeza del sistema administravo, ponen toda su buena voluntad en ayudar al administrado:  lo orientan (vaya a tal o cual sitio, a tal o cual hora y pregunte por fulano), lo trasgreden saltándose un paso (paso este legajo de papeles de la parte baja del montón a la parte alta) o hacen la vista gorda (no le digas nada a nadie, pero yo pongo esto en el ordenador y ya está, que si no no acabas nunca). Eso es lo que llamo el favor del siglo. Cuando te lo hacen sales llorando de la emoción, conmovido por tanta bondad y embriagado por tal golpe de suerte. ¡Madre mía, he acabado este trámite después de 2 meses!

En los últimos años diferentes administraciones del Estado se han venido modernizando y adaptándose a los tiempos, luchando contra ese inmovilismo que inunda todo el sistema. Nunca fue tan fácil presentar la declaración de la renta como lo es ahora mediante la aprobación/modificación del borrador on-line.También se puede obtener de forma sencilla una vida laboral. Pedir cita on-line para tramitar tu DNI o un pasaporte, e incluso para acudir a tu médico de cabecera, te evita perder la mañana haciendo cola.

Pero no todas las administraciones han digitalizado y/o simplificado trámites. Algunas, plenamente conscientes del lastre que supone para la sociedad esa pesada losa de la burocracia, llevan años buscando la forma de hacerlo, aunque sin llegar a ningún lado. Otras ni han comenzado con ello al estar inmersas en problemas que ni le van ni le vienen a los ciudadanos, o simplemente, ni se lo han planteado. Así que todavía queda mucho por hacer para dar con una Administración que, cercana al ciudadano, sea justa, ágil, transparente y eficaz.

Claro que para cambiar el sistema, el cambio ha de ser impulsado por la clase política, la cual, si a día de hoy es incapaz de llegar a un simple acuerdo para gobernar un país que lleva más de un año con un gobierno de interinidad y está falto de acometer una gran serie de reformas, dificilmente podrá cambiar nada.

Pero concluyendo en positivo: si 216 años después de que D. Mariano José de Larra y D. Benito Pérez Galdós escribieran sus relatos, pese al escaso cambio experimentado por la Administración del Estado y pese al continuo conflicto de quienes nos han gobernado, España es la 12ª economía del mundo (según el FMI), qué podría llegar a ser España si afinamos toda su maquinaria.

P.D.- El verano que viene desempolvaré mis álbunes de Makinavaja. Al menos, risas aseguradas.