¿Cuando fue la última vez que…?

VUELVE A (1)

¿Cuándo fue la última vez que fuiste andando por la calle dando saltitos y batiendo los brazos por el aire? Seguro que ya no te acuerdas. Pero hubo una época en que lo hacías prácticamente a menudo. Para ir a cualquier lugar, más cercano o más lejano. Allá cuando no existían preocupaciones. Allá cuando cada saltito que dabas era la viva expresión de la alegría de tu alma. Y no como ahora, que a tus treinta y tantos te cuesta regalar sonrisas, porque hay que controlar las emociones, hay que dar la imagen de persona seria y ante todo hay que demostrar a los demás que tu eres una persona fría que no se deja pisar por nadie.

¿Cuándo fue la última vez que soplaste un molinillo de viento? Sí, de esos de papel de colores, clavado en un palo o en una pajilla de plástico. ¿Cuánto tiempo dedicaste a soplar y a disfrutar de su ligero movimiento? Seguro que ya no te acuerdas. Pero hubo una época en que todo lo que había a tu alrededor se paraba porque tu sólo tenías ojos para el pequeño tornado de color que giraba según el capricho de tus pulmones. Y en ese momento eras feliz. Y no como ahora, que a tus cuarenta y tantos no tienes tiempo de perder el tiempo. Eso es un lujo imposible para ti, profesional con abultada agenda, con una gran cantidad de compromisos contraídos, con un trabajo que te atrapa y con una familia que te absorbe.

¿Cuándo fue la última vez que te balanceaste en un columpio? ¿Cuándo fue la última vez que sentiste la emoción de ver cómo tus pies tocaban el azul intenso del cielo? Seguro que ya no te acuerdas. Pero hubo una época en que te gustaba sentir mariposas en el estómago cuando hacías algo emocionante. Desde que aprendiste a darte tu mismo en el columpio, cada vez que llegabas al parque te ponías como meta llevar a tus pies al punto más alto del cielo. Y era una sensación que te pedía más y más. Y no como ahora, que a tus cincuenta y tantos sólo apuestas por lo seguro (de hecho, ya ni apuestas). Únicamente vives por preservar tu casa, tu familia, tu perro, tu trabajo. Tan sólo pides una vida ordenada. De las de sota, caballo y rey. Sin sorpresas, sin sobresaltos.

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste como un niño? ¿Cuándo fue la última vez que expresaste tu felicidad de forma espontánea y directa? ¿Cuándo fue la última vez que jugaste tan sólo porque te apetecía? ¿Cuándo fue la última vez que tu cuerpo vibró de emoción? A todos se nos olvida que una vez fuimos niños, que una vez fuimos despreocupados, que una vez fuimos capaces de asombrarnos por las cosas más sencillas y que una vez fuimos capaces de emocionarnos simplemente jugando.

Hoy veo a mi hijo de cuatro años hacer todas esas cosas y, además de darme una envidia de morirme (nunca he creído en la falsedad de la envidia sana), en cierto modo añoro aquella feliz infancia que hace ya muchos años dejé atrás. No obstante, procuro tener presentes estas preguntas en mi día a día. Es importante no olvidar aquellos buenos hábitos de nuestra infancia que tan felices nos hicieron. Siempre debe haber hueco en nuestra agenda para hacer aquello que nos hace felices, aunque sea tan sólo por un rato. Despreocúpate de vez en cuando. Pierde el tiempo en contemplar las cosas bellas que te encuentras (piensa que puedes estar invirtiendo en tu felicidad).  Juega ya sea sólo o con amigos.

Y lo más importante, pasa todo el tiempo que puedas con los pequeños de la casa. Ellos tienen mucho, pero mucho que enseñarnos. Siendo como ellos, seremos mejores personas.

Con la wifi “on-my mind”

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MIT Conference room – Presentación “Proyecto Allways on my mind”

Ya es una realidad: científicos del MIT han conseguido implantar un sistema de conexión wifi en seres humanos, concretamente en varios sujetos que se presentaron como voluntarios y que fueron cuidadosamente seleccionados, toda vez que los primeros experimentos llevados a cabo con moscas de la fruta, ratones, primates y cerdos vietnamitas tuvieron un resultado exitoso.

Este importante logro ha sido posible a los importantes avances alcanzados en los últimos años en cuanto a Biotecnología aplicada a la Medicina, en los que han desempeñado un papel muy activo e innovador las fundaciones filantrópicas de importantes empresas de telecomunicaciones y servicios de Internet.

El Doctor August Emmerich, Director Jefe del Proyecto “Allways on my mind” expuso el pasado martes los resultados obtenidos tras efectuar un seguimiento de un año completo a los diez sujetos que voluntariamente se les insertó en la zona del hipocampo una NNC (Neural Network Card), una minúscula tarjeta neuronal de red con un interfaz integrado que, con la propia energía del cuerpo humano, es capaz de conectar su red neuronal a redes inalámbricas mediante tecnología wifi, valiéndose del ancho de banda de los 5GHz, por lo que se asegura una gran velocidad de conexión. El límite lo pone su cerebro.

¿Qué utilidades tiene la NNC?

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NNC (Neural Network Card)

Aunque el desarrollo de esta nueva tecnología no tiene límite, entre las utilidades que ha expuesto el Doctor Emmerich, destacan las siguientes:

1º) Superconectividad: su cuerpo ya puede conectarse a la aldea global. Toda la información que necesite quedará al alcance de su mente en cuestión de microsegundos. GoogleWikipedia, Facebook, YouTube, Amazon… todos ellos manejados con su cerebro. Aprender sin estudiar será posible.

2º) El cerebro como unidad de almacenamiento: en función de la memoria de cada sujeto, usted podrá añadir aplicaciones de productividad, de entretenimiento, de inmersión en realidad virtual, y, lo más importante, de monitorización de su estado de salud. Ya no será necesario acudir al médico. A tiempo real se le comunicará cualquier alarma que se produzca en su cuerpo (problemas de salud, calorías consumidas al cabo del día, distancia recorrida o el número de veces que ha pasado por el aseo).

3º) Geolocalización: la brújula interna, que todo humano lleva dentro, informará de su posición en todo momento gracias a la NCC. Este sistema permitirá localizar a terceras personas de su interés de forma sencilla y rápida, dejando obsoleta la geolocalización por satélite y la triangulación de señales terrestres.

4º) Adiós a la burocracia: las Administraciones Públicas tendrán hilo directo con el ciudadano. Adiós al Documento Nacional de Identidad, al número de la Seguridad Social o al Carné de Conducir, de Pesca, de Caza o de la Biblioteca. Adiós definitivo al papel. Y lo mejor, por fin habrá un medio definitivo para comprobar la correcta conducta de los ciudadanos, garantizándose en todo momento la seguridad de la población civil, de manera que ante la mínima conducta de riesgo detectada, el ciudadano infractor será bloqueado de inmediato.

Problemas a solucionar.

Después de un año completo de seguimiento por parte del numeroso equipo de científicos liderado por el Doctor Emmerich a los diez sujetos a los que se les implantó una NNC, se detectaron varios problemas, los cuales aún se encuentran en trámites de solución:

  • Pese a tener toda la información posible a su alcance, los sujetos no han hecho uso para ampliar conocimientos, sino para interactuar con terceros. Han accedido más a Meetic o Badoo que a Wikipedia, portales de formación, o webs especializadas. Los portales de porno también han sido muy visitados por varios sujetos.
  • El software ha presentado ciertos problemas que han incomodado a algunos sujetos, pues sin querer, varios de ellos han publicado por error imágenes capturadas por su visión en redes sociales, de las cuales algunas de ellas se han hecho virales. El sujeto 2 (hombre) miró el escote de la mujer de su vecino y apareció en Facebook con un “me gusta”. El sujeto 7 (mujer), durante la boda de una de sus amigas, publicó en Twitter su opinión respecto a la novia con el texto “qué feliz está esa perra… no sabe que me tiré al novio anoche”.
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Publicaciones erróneas en redes sociales

  • El software de intercambio de pensamiento también debe pulirse. No se han podido habilitar los filtros necesarios para evitar que los 10 no queden expuestos a la total verdad de los demás. De hecho, los sujetos no quieren encontrarse entre ellos. Es molesto saber cuándo un sujeto quiere ir al aseo, cuándo un sujeto tiene pensamientos libidinosos, cuándo a un sujeto le pica la nalga izquierda o cuando un sujeto no puede parar de tararear para sus adentros “La Macarena”.
  • Tampoco se ha podido avanzar mucho con respecto a la descarga directa de contenidos para el cerebro, toda vez que hay muy poco contenido desarrollado para tal fin. No obstante el equipo científico ha quedado un poco perplejo con un sujeto que ha sido capaz de descargarse una gran cantidad de música y películas mediante portales de enlaces de P2P. Es español.
  • El sistema de geolocalización se interrumpe y una voz que dice “recalculando” empieza a repetirse en el interior de los sujetos, una y otra vez, llegando a molesta. Una manera que han descubierto los sujetos de interrumpir el sistema de geolocalización es envolver sus cabezas en papel del aluminio. Al principio molestaba a los sujetos que sus familiares y amigos se sorprendieran de verlos con la cabeza envuelta en papel de aluminio, pero la creatividad de los sujetos se ha disparado y ahora llevan unos bonitos gorros muy elaborados.
  • Con respecto a relaciones con las administraciones públicas no se ha podido ver nada. Se espera que en veinte años muchas de ellas dejen de trabajar con Windows XP y Windows Server 2003.
  • También hay que trabajar con respecto a la seguridad e instalar firewalls y antivirus en la NCC. Al menos cuatro sujetos fueron víctimas de un ransomware. El sujeto español compartió con otros tres varios contenidos descargados que estaban infectados. Los cuatro sujetos estuvieron en cuidados intensivos durante dos semanas ya que tuvieron que ser formateados para posteriormente reinstalarles su copia de seguridad.

Próximos retos.

El desarrollo de la NNC es tan sólo un paso para todo lo que vendrá. El tiempo en que la humanidad será un sólo pensamiento se acerca. Todos seremos uno, todos sentiremos como uno, todos pensaremos como uno. Compartir alegría, tristeza, orgullo, hambre, satisfacción, dolor… a la vez. Adiós a las clases, adiós a las luchas, adiós a las intolerancias, adiós a las discriminaciones. El día en que la raza humana actúe como una colmena está próximo.

Claro, que con la mierda de cobertura de ADSL que me llega a casa, cerca, lo que se dice cerca, va a ser que no. ¿Estamos tontos o qué?

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Buscando señal wifi por mi pueblo

Westworld: mi favorita en 2016.

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Hace unos días que disfruté la primera temporada de la serie de HBO “Westworld”, realizada con la buena factura propia de la casa, escrita por Jonathan Nolan, producida por J.J. Abrams, protagonizada por buenos y conocidos actores y que además nos trae una interesante historia de ciencia ficción que consigue que más de uno se plantee el hecho de que, en un futuro no muy lejano, una máquina podría llegar a adquirir conciencia por sí misma.

La idea no es nueva. De hecho la serie está basada en la película del mismo nombre (en su traducción al español, “Almas de Metal”) que en 1973 realizó Michael Crichton (sí, el de “Parque Jurásico”), que a su vez estaba basada en su propio libro. Y es que se ha escrito mucho sobre las posibilidades de la inteligencia artificial y también se ha rodado mucho tanto para cine como para televisión: los replicantes de “Blade Runner”, el ordenador HAL de “2001:una Odisea del Espacio”, el pequeño David de “Inteligencia Artificial”, la pequeña española “EVA”, los 7 cylons humanoides de “Battlestar Galactica”… todos ellos máquinas con alma que han llevado el peso de sus respectivas historias.

La idea de la máquina con alma a mí me impacta bastante desde el punto de vista de la razón, pero también desde la fe. Cuanto más conozco del cuerpo humano, más lo entiendo como una máquina compuesta de materia viva, movida por química e impulsos eléctricos, cuyo fin es asegurar su propia existencia.

Cuando en ocasiones me pongo existencial a consecuencia de las dudas que me asaltan con respecto al por qué de mi mortal existencia, acudo a los psicotrópicos, a la botella de Anís del Mono, y ya puesto, también a la fe, siempre obteniendo la misma simplona respuesta. La misma simplona respuesta que desde el comienzo de los tiempos, cultura tras cultura, ha logrado aplacar las dudas referentes a su existencia de otra mucha gente: nos ha creado un ser superior. Ya sea Dios, una sociedad alienígena avanzada que nos cría como ganado o simplemente que vivimos en “Matrix” (nene, ¿qué te has fumado?) y que no somos más que meros programas.

Aunque una plausible respuesta pudiera ser que el Universo en sí es consecuencia del libre albedrío y que no hay nada más detrás del misterio de la vida, los mortales preferimos creer en ese argumento mágico por nuestra autoafirmación, por no estar continuamente en la inseguridad. Por ello, ante toda idea impregnada de cierto misterio, el ser humano tiende a relacionarla con entes de inteligencia infinitamente superior a la nuestra. Desde la creación de la vida en La Tierra, pasando por la construcción de las pirámides, la finalidad de las pistas de Nazca, las piedras de Stonehenge, y acabando con la melena al viento de Trump o la “Salchipapa” de Letizia Sabater.

En “Westworld” contamos con creadores y creados. Se nos enseña cómo los creadores programan recuerdos de vivencias no vividas a los creados para que estos tengan las respuestas necesarias para acallar los vacíos de su propia existencia, para poder atender sus porqués respecto a la vida. Sufrimos con los creados ante cada reinicio del eterno bucle en el que viven cada día, abriendo los ojos por la mañana en su cama y cerrándolos en cualquier otra parte atónitos al sentir el desagradable desgarro de una bala rompiendo su cuerpo. Y expectantes durante toda la trama, asistimos al despertar de la conciencia en los creados, sabedores de que son creaciones de otros seres, aunque acaso ¿más inteligentes?

En definitiva, vemos como un tema recurrente de la Ciencia Ficción se nos presenta en un formato visual sumamente cuidado y con un relato que, además de enganchar al telespectador, trasciende a temas meramente metafísicos, sobretodo porque si bien hoy puede sonarnos a fantasía y entretenimiento, tal vez dentro de 50 años pueda sonarnos a realidad, y además de ver robots como elementos de cotidianidad, incluso sea posible que una inteligencia artificial replique nuestros pensamientos, nuestra alma, para el resto de la eternidad (sí, incluso la de Letizia Sabater).

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El mejor musical de todos los tiempos.

“El Mago de Oz” (1939), “Un día en Nueva York” (1949), “Siete novias para siete hermanos” (1954), “West Side Story” (1961), “My Fair Lady” (1964), “Mary Poppins” (1964), “Sonrisas y Lágrimas” (1965), “Cabaret” (1972), “Grease” (1978), “La Bella y la Bestia” (1991), “Moulin Rouge” (2001), “El otro lado de la cama” (2002), “Chicago” (2002), “El fantasma de la Ópera” (2004), “Mamma Mía” (2008), “Los Miserables” (2012)… ¿Qué tienen en común todas estas películas? Pues sí, seguro que lo has adivinado mi avezado lector: son musicales (y de los buenos).

El musical es un género que a muchas personas les tira para atrás por eso de tener que estar toda la película leyendo subtítulos (ya cuesta ponerse a leer cualquier cosa, para encima leer viendo una peli), o por eso de que los actores no hablan, lo cantan todo, hasta si van a ir al mercado a comprar pepinos (es un mu-si-cal… lo normal es que canten). Los musicales son como los videoclips, pero más largos, con muy buena música, mejor historia y aún mejor realización. Y es que se trata de un genero que me divierte, me emociona y del que siempre aprendo cosas (claro que algunas más útiles que otras).

Como a mucha gente de mi edad, mi afición al cine se fraguó en los años ochenta (década hortera, cutre y falta de medios que muchos, yo incluido, añoramos sin saber muy bien por qué). Si bien mis padres me llevaban al cine de vez en cuando, tuve la suerte de proveerme de muy buenas películas gracias a las cintas de VHS del videoclub de mi calle. Claro que también pude descubrir otras muy buenas películas gracias a las gratas sesiones de cine que ponían en televisión en lo que fue su edad dorada en España, allá cuando tan sólo teníamos dos canales: la primera cadena y la segunda (el UHF). Y es que gracias a Televisión Española, que este año cumple 60 años de vida, pude ampliar esa pequeña base de datos de películas que llevo alojada en mi cabeza.

El mejor musical de todos los tiempos llegó a mí de la mano de TVE en abril de 1988: “Cantando bajo la lluvia” (1952). Hasta esa fecha tan sólo había tenido ocasión de ver la maravillosa escena de baile, agua y paraguas, en la que un hombre de felicísimo aspecto cantaba calado bajo un aguacero, bien por otras películas, bien por programas de televisión, bien por una simpática y colorida versión que hizo Mayra Gómez Kemp en el “Sabadabadá” (1981-1984). Pero en aquella ocasión por fin pude verla entera y por ella es que desde entonces me aficioné al entretenido género del musical.

Claro, que por aquel entonces la ví con los ojos de un crío al que le gustaba mucho el cine. Fue con el paso de los años, cuando pude apreciarla tanto como para convertirla en una de mis películas de cabecera, por motivos tan interesantes como estos:

  • Por su colorido: rodada en mágico Technicolor, que a día de hoy continúa teniendo un enorme impacto sobre nuestra vista al contar con su magnífica gama de colores saturados.
  • Por sus excelentes números musicales: si el famoso número de “Singing in the rain” es bueno, aún es mejor el “The Broadway Melody” de la parte final, donde Gene Kelly comparte escena con una sensualísima Cyd Charisse (bella actriz de interminables piernas)  y que acaba con un cierre coral y colorido cuya realización haría escuela.
  • Por ser una película que habla de cine y que cuenta con un más que interesante argumento de fondo: la llegada del sonido al cine. En el año 1927 los hermanos Warner estrenan “El cantor de Jazz”, la primera película con sonido sincronizado. Ese gran avance tecnológico afectó de lleno a todos los estudios de Hollywood, que para continuar siendo rentables debían de subirse a ese carro, pero afectó aún más a las estrellas de sus películas. Muchos actores de cine mudo tuvieron que dejar de hacer cine bien porque no tenían un registro adecuado de voz, bien porque sus actuaciones quedaban sobreactuadas. Ya no bastaba una cara bonita. Los actores de las películas tendrían que saber actuar al menos tan bien como los de teatro y para ello, muchos tendrían que formarse, reciclarse, adaptarse a la evolución de los tiempos.
  • Por contar con un guión de encargo finamente hilado: el guión fue encargado por el productor de MGM Arthur Freed a dos guionistas con la intención de retomar antiguas canciones de musicales de los años 30. Los guionistas tuvieron que componer una historia en la que encajaran todas estas canciones. Y la verdad, es que tuvo un gran resultado. No todo el mundo es capaz de montar una buena película por encargo (que se lo pregunten a los guionistas de “Batman vs Superman”).
  • Por Arthur Freed: inició su carrera artística escribiendo canciones para espectáculos, pero llegó al cine de la mano de Louis Mayer, el jefe de MGM, quien lo puso de ayudante de producción de “El Mago de Oz”. Gracias al éxito de la película acabó como productor encargado del departamento de musicales del estudio, obteniendo los mejores musicales de los años 50 (edad dorada del género), siendo premiado con dos oscars y descubriendo grandes valores del cine musical como Vincente Minelli, Stanley Donen o Gene Kelly.
  • Por Gene Kelly: de joven iba para economista, pero tras el crack de 1929 no habían muchos sitios para trabajar como tal y simplemente tuvo que buscarse otra cosa. Gracias a que bailaba desde bien chico, pudo llegar a los escenarios de Broadway, donde lo conoció Arthur Freed quien lo contrató para trabajar en MGM. Si en el mítico estudio es donde hizo sus mejores papeles, es en “Cantando bajo la lluvia” donde su sonrisa se come la cámara y su baile hipnotiza, a la par que alegra el alma de quien lo ve. Y uno quiere ser él.
  • Y por la escena del baile bajo la lluvia: la mejor escena de un musical rodada jamás. ¿Sabías que esta canción no estaba incuida en el guión original y que cuando la incorporaron en un nuevo borrador iba a cantarla la actriz de la película?¿Sabías que la grabación de esta escena duro casi tres días? ¿Sabías que Gene Kelly la grabó con 39 grados de fiebre pese a estar empapado durante toda la grabación?

Así que ahí te dejo la mejor escena musical de todos los tiempos, para tí, para tu disfrute:

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Espero que si aun no has visto “Cantando bajo la lluvia”, lo hagas algún día. Que no sea porque no te he dado motivos.

 

La máquina inmóvil.

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Si cosas buenas tiene el verano para mí, de la cosa que más disfruto es la de poder devorar libros, sentado a la sombra, buscando el fresco (creeme, en Murcia lo hay) y gozando de las largas siestas de quienes me rodean.

Unos veranos me he centrado en grandes clásicos, otros en la Tierra Media, otros en tiempos de conquistadores, otros en tiempos de guerra, otros en inviernos que parecen no llegar nunca, otros entre amores y espías, otros entre vampiros sanguinolentos y asexuados, otros entre las reglas de la robótica y este verano, no sé por qué, ha tocado como tema de fondo el apasionante mundo de la Administración del Estado.

Por un lado me he leido la recopilación de “Artículos” de D. Mariano José de Larra, donde figura el excelente “Vuelva Usted mañana”. Por otro, “Miau” de D. Benito Pérez Galdós, novela muy entretenida y de ágil lectura. Ambos textos muy recomendables, tanto por entretenidos como por actuales, y eso pese a haber sido escrito el primer libro en 1833 (año en que murió el rey felón, Fernando VII) y el segundo en 1888 (época de la Restauración borbónica, Regencia de María Cristina). Tras su lectura, uno comprende lo poco que ha cambiado desde entonces la esencia de la Administración y, por ende, la propia España.

Y es que me ha llamado mucho la atención la escasa capacidad de cambio, el tremebundo inmovilismo, la minúscula voluntad de mejora del sistema administrativo español. Cómo puede ser que desde 1800 hasta la fecha, con la multitud de cambios de gobiernos sufridos, con los increibles logros técnicos y culturales conseguidos, con los grandes éxitos alcanzados por la sociedad civil de España, sus empresas (hoy más presentes en el mundo que nunca) y sus ciudadanos (actualmente los más formados de la historia de España), la Administración del Estado sigue manteniendo la misma lapidaria esencia: burocracia pesada, modelos de mil colores y trámites inacabables.

La Justicia es lenta, y por lenta ineficaz. Si inscribir un hijo en el Registro Civil puede llegar a ser toda una aventura, no quiero pensar en vivir en primera persona una demanda por vía civil. La Sanidad Pública registra grandes listas de espera y algunos de sus usuarios peregrinan entre hospitales como quien hace el Camino de Santiago, incluso hay pacientes que han tenido que empadronarse en una u otra ciudad para poder ser atendidos en uno u otro hospital. Realizar trámites ante la temida Hacienda, reclamar una multa de tráfico, pelear por el valor catastral de tu vivienda que sube y baja según el criterio de no sé quién… en cualquiera de los casos hay que armarse de paciencia, ponerse en manos de profesionales, documentarse todo lo posible y ante todo dar con un funcionario de buen espíritu que te haga el favor del siglo.

Sí, el favor del siglo. Por suerte hay buenos funcionarios, que conocedores de la torpeza del sistema administravo, ponen toda su buena voluntad en ayudar al administrado:  lo orientan (vaya a tal o cual sitio, a tal o cual hora y pregunte por fulano), lo trasgreden saltándose un paso (paso este legajo de papeles de la parte baja del montón a la parte alta) o hacen la vista gorda (no le digas nada a nadie, pero yo pongo esto en el ordenador y ya está, que si no no acabas nunca). Eso es lo que llamo el favor del siglo. Cuando te lo hacen sales llorando de la emoción, conmovido por tanta bondad y embriagado por tal golpe de suerte. ¡Madre mía, he acabado este trámite después de 2 meses!

En los últimos años diferentes administraciones del Estado se han venido modernizando y adaptándose a los tiempos, luchando contra ese inmovilismo que inunda todo el sistema. Nunca fue tan fácil presentar la declaración de la renta como lo es ahora mediante la aprobación/modificación del borrador on-line.También se puede obtener de forma sencilla una vida laboral. Pedir cita on-line para tramitar tu DNI o un pasaporte, e incluso para acudir a tu médico de cabecera, te evita perder la mañana haciendo cola.

Pero no todas las administraciones han digitalizado y/o simplificado trámites. Algunas, plenamente conscientes del lastre que supone para la sociedad esa pesada losa de la burocracia, llevan años buscando la forma de hacerlo, aunque sin llegar a ningún lado. Otras ni han comenzado con ello al estar inmersas en problemas que ni le van ni le vienen a los ciudadanos, o simplemente, ni se lo han planteado. Así que todavía queda mucho por hacer para dar con una Administración que, cercana al ciudadano, sea justa, ágil, transparente y eficaz.

Claro que para cambiar el sistema, el cambio ha de ser impulsado por la clase política, la cual, si a día de hoy es incapaz de llegar a un simple acuerdo para gobernar un país que lleva más de un año con un gobierno de interinidad y está falto de acometer una gran serie de reformas, dificilmente podrá cambiar nada.

Pero concluyendo en positivo: si 216 años después de que D. Mariano José de Larra y D. Benito Pérez Galdós escribieran sus relatos, pese al escaso cambio experimentado por la Administración del Estado y pese al continuo conflicto de quienes nos han gobernado, España es la 12ª economía del mundo (según el FMI), qué podría llegar a ser España si afinamos toda su maquinaria.

P.D.- El verano que viene desempolvaré mis álbunes de Makinavaja. Al menos, risas aseguradas.

 

Mirando esta foto siempre me acuerdo de tí.

Todos tenemos fotos que miramos y remiramos porque siempre nos evocan buenos recuerdos, siempre nos llenan el alma de luz, siempre nos traen una plácida sensación de calma. Y eso a pesar de que algunas, tras mirarlas en un primer momento, pueden llegar a dejarnos un amargo regusto en nuestras bocas e incluso hasta una angustiosa presión sobre nuestros corazones, pues en ellas figura algún ser querido que ya no está.

Entre miles y miles de fotos en mi haber, tengo unas cuantas a las que me gusta mirar y remirar. Pero hay una en especial que me gusta mirar y remirar desde bien pequeño. Forma parte del modesto álbum de fotos de rojas tapas y amarillentas hojas de la boda de mis padres. Lo hizo un fotógrafo de mi pueblo (“Alberto el fotógrafo”, insigne personaje que forma parte de la memoria colectiva local), allá cuando los álbumes de fotos tan sólo eran libros en los que se pegaban fotos con pegamento Imedio y lo único digital que tenían eran las huellas de quienes pasábamos sus hojas.

A mi hermano y a mí nos hacía muchísima gracia ver las “viejunas” pintas setenteras de todos nuestros familiares. Aún nos hizo más gracia cuando descubrimos que mi abuelo Pedro ya utilizaba por entonces su mítica corbata para eventos tipo “BBC”, a la que tanto provecho sacó durante décadas. Pero pasado un tiempo, esa gracia un tanto simplona se esfumó, a consecuencia del normal proceso de maduración de un par de críos por el cual, llegado el momento, tuvieron que enfrentarse al triste e inevitable hecho de que todas las personas a las que queremos, antes o después, se van.

No obstante, pese al pasar de los años y pese a la marcha de los seres queridos que en ella aparecen, esta foto nunca me ha transmitido sentimientos de pesar, sino que me ha dejado una alegre sensación, y por ello siempre la he tenido a mano. Siempre me ha gustado verla porque, además de ser un interesante documento costumbrista de la sociedad española del 77, retrata un emotivo momento de mi familia y, solo por ello, a mí me evoca sentimientos muy positivos: alegría, cariño y amor.

Dicen que cuando perdemos seres queridos, con el tiempo (ese gran sanador de almas), tendemos a enviar a un segundo plano los recuerdos tristes para traernos a un primer plano los recuerdos alegres que compartimos con ellos. Tal vez esa sea la razón por la que me gusta ver fotos de tiempos ya pasados.

Esta foto siempre la tengo a mano. Procuro tenerla a mano para verla cuando quiera (en mi ordenador, en mi móvil o incluso en aquel cuarteado álbum rojo). Sé que mirando y remirando esta foto, sólo ante ella, me acerco a aquellos a quienes quiero, porque sonrío viendo sus caras, porque me imagino lo que estarían pensando en ese determinado momento, porque he tenido el privilegio de haber pasado por sus vidas y de aprender de todos ellos y sobretodo porque con su recuerdo los mantengo vivos.

De hecho, tanto me gusta esta foto que lo primero que hice cuando aprendí a trastear Photoshop fue escanearla y restaurarla, con mucho mimo y detalle. Aunque algunos al verla pensaréis que la foto sigue siendo “viejuna”, lo cierto es que yo quedé muy satisfecho con su resultado, principalmente porque recuperé color y eliminé daños. Y aunque dediqué muchas horas a ella, el esfuerzo mereció la pena, pues hice esta foto más duradera, y con ello, que el recuerdo de aquellos a los que quiero siga vivo en mí durante mucho, mucho tiempo.

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Iglesia de San Antolín, Murcia. 18-03-1977.

Mis llaves, el karma y mi boca de tres metros.

Mis llaves, el karma y mi boca de tres metros.

“Cada uno recoge lo que siembra”, “quien siembra vientos, recoge tempestades” o “dame pan y dime tonto”. Con estos tres refranes se resume mi último fin de semana. Tres estupendas frases que nuestro refranero español las usa para decir lo mismo que hinduistas y “compi-yoguis” cuando hablan del karma: cada uno recibe lo que por su acción merece. Y es que el mal karma vino a mí por hacer uso de mi boca de tres metros:

La situación: papá tiene planificada toda la tarde en su cabeza y por eso está detrás de mamá e hijo desde primera hora de la tarde del viernes para ir al parque, a que hijo juegue, y después ir a casa de los abuelos, a ver en la tele el partido de fútbol de La Roja, que es a las 21:00 horas, y de paso cenar. Tras varios intentos papá por fin lo consigue y, al salir (las 19:30 horas), a mamá se le cierra su coche con… su bolso, su móvil, su dinero, su documentación y… ¡las llaves del coche!

La reacción: papá, conocedor de que no hay disponible una copia de la llave del coche de mamá, haciendo gala de su sangre fría, temple, conocimiento, capacidad de colaboración, madurez, saber estar, suelta un: “mecagüenlaostia, ¿pero cómo has estado? Claro, como estás en lo que no tienes que estar… ¿y ahora que? ¿a ver cómo abrimos el coche? ¡Y encima me voy a perder el partido!”. Mamá que siempre habla, hoy calla y toma aire. Hijo quiere un zumo.

La solución: mamá, ante tal speech motivacional de papá, tira de contactos y se trae a Nayim (las 20:00 horas), experimentado mecánico, que con tan sólo una cuerda y un nudo corredero es capaz de abrir la puerta al cabo de tres intentos, ante la atónita mirada de cuñados, vecinos y transeúntes varios. Papá paga a Nayim 20 € agradecido de poder tomar rumbo a casa de los abuelos a las 20:30 horas, a tiempo de ver el partido. Papá respira felicidad. Mamá calla. Hijo quiere hacer pipi después de tanto zumo.

Una de buen karma: tras una buena cena, un triunfo de la Selección Española y una buena noche, papá comienza el sábado saliendo a correr, contento, ante un amanecer despejado. Con ánimo alegre, a papá se le encomienda el importante reto de pasar la mañana en compañía de hijo y sobrinas. Actividad, paseo, risas y fantas. Los pequeños encantados. Buena comida con abuela. Café con cuñados. Tarde tranquila. Parque con críos. Cena tranquila. Copa en casa con mujer. Apenas está acabando el día. Qué redondo.

Una de mal karma: qué redondo… ¡y un copón! A la hora de acostarse papá busca sus llaves para cerrar la puerta y no aparecen. Por suerte están las de mamá. Pero ya aparecerán. No será posible que después de la que le armó ayer papá a mamá, ahora papá sea quien ha perdido sus llaves de casa, que además van en el mismo llavero que las del coche, de las que además no hay copia. Nooooo. Síííííí. Papá despierta sobresaltado a las 06:00 horas del domingo. A la mente le ha venido que es probable que las llaves de papá se quedaran en el techo del coche de mamá al colocar a hijo en su silla. Así que papá sale con la fresca a desandar lo andado el día anterior, pero las llaves no aparecen. Visita los sitios en los que estuvo el sábado y no aparecen. Mamá calla. Hijo quiere churros, que es domingo.

Marchando dos tazas de mal karma: papá se siente mal durante todo el domingo. Está preocupado por la pérdida de las llaves. Si caen en malas manos, la casa no queda segura. Lo mismo con el coche, además de tener que pensar en la forma de abrirlo o moverlo. Como sabe que actuó mal con mamá el viernes, pues siente vergüenza por la pérdida de llaves. Sale a mediodía a buscar llaves, tampoco. Sale por la tarde a buscar llaves, tampoco. Mamá calla. Hijo pregunta por uno que sale con coleta por la tele. Papá no duerme nada en toda la noche.

No hay dos sin tres: llegada la mañana del lunes y ante tan negra perspectiva, toca visita del cerrajero y de la asistencia en viaje del seguro del coche. Llaves nuevas en casa y visita del coche al taller para ponerle nueva llave (y una copia). Y claro, ya que va al taller, pues toca la revisión, pues habrá que hacerla. Coste de toda la fiesta 300 € (frente a los 20 € de la fiesta de las llaves de mamá, dan ganas de llorar). Mamá habla: “te está muy bien, eso por hablar”. Papá calla. Hijo dice “papá, mira mi churra”.

Conclusión: tirando de refranero puedo acabar con un “en boca cerrada no entran moscas” o con un “donde las dan las toman”, o como aquel anuncio de El Corte Inglés de “te lo mereces y lo sabes”.

Epílogo: gracias a su estimada @nmarquezmartin, a su NATALIAMARQUEZBLOG y a sus compañeros de trabajo, papá ha descubierto  los maravillosos buscadores de llaves TILE (@TheTileApp), y ha comprado uno para él y otro para mamá. A ver si esto ayuda a evitar problemas con las llaves. La pena es que para la boca de tres metros, gadgets no hay.