El mejor musical de todos los tiempos.

“El Mago de Oz” (1939), “Un día en Nueva York” (1949), “Siete novias para siete hermanos” (1954), “West Side Story” (1961), “My Fair Lady” (1964), “Mary Poppins” (1964), “Sonrisas y Lágrimas” (1965), “Cabaret” (1972), “Grease” (1978), “La Bella y la Bestia” (1991), “Moulin Rouge” (2001), “El otro lado de la cama” (2002), “Chicago” (2002), “El fantasma de la Ópera” (2004), “Mamma Mía” (2008), “Los Miserables” (2012)… ¿Qué tienen en común todas estas películas? Pues sí, seguro que lo has adivinado mi avezado lector: son musicales (y de los buenos).

El musical es un género que a muchas personas les tira para atrás por eso de tener que estar toda la película leyendo subtítulos (ya cuesta ponerse a leer cualquier cosa, para encima leer viendo una peli), o por eso de que los actores no hablan, lo cantan todo, hasta si van a ir al mercado a comprar pepinos (es un mu-si-cal… lo normal es que canten). Los musicales son como los videoclips, pero más largos, con muy buena música, mejor historia y aún mejor realización. Y es que se trata de un genero que me divierte, me emociona y del que siempre aprendo cosas (claro que algunas más útiles que otras).

Como a mucha gente de mi edad, mi afición al cine se fraguó en los años ochenta (década hortera, cutre y falta de medios que muchos, yo incluido, añoramos sin saber muy bien por qué). Si bien mis padres me llevaban al cine de vez en cuando, tuve la suerte de proveerme de muy buenas películas gracias a las cintas de VHS del videoclub de mi calle. Claro que también pude descubrir otras muy buenas películas gracias a las gratas sesiones de cine que ponían en televisión en lo que fue su edad dorada en España, allá cuando tan sólo teníamos dos canales: la primera cadena y la segunda (el UHF). Y es que gracias a Televisión Española, que este año cumple 60 años de vida, pude ampliar esa pequeña base de datos de películas que llevo alojada en mi cabeza.

El mejor musical de todos los tiempos llegó a mí de la mano de TVE en abril de 1988: “Cantando bajo la lluvia” (1952). Hasta esa fecha tan sólo había tenido ocasión de ver la maravillosa escena de baile, agua y paraguas, en la que un hombre de felicísimo aspecto cantaba calado bajo un aguacero, bien por otras películas, bien por programas de televisión, bien por una simpática y colorida versión que hizo Mayra Gómez Kemp en el “Sabadabadá” (1981-1984). Pero en aquella ocasión por fin pude verla entera y por ella es que desde entonces me aficioné al entretenido género del musical.

Claro, que por aquel entonces la ví con los ojos de un crío al que le gustaba mucho el cine. Fue con el paso de los años, cuando pude apreciarla tanto como para convertirla en una de mis películas de cabecera, por motivos tan interesantes como estos:

  • Por su colorido: rodada en mágico Technicolor, que a día de hoy continúa teniendo un enorme impacto sobre nuestra vista al contar con su magnífica gama de colores saturados.
  • Por sus excelentes números musicales: si el famoso número de “Singing in the rain” es bueno, aún es mejor el “The Broadway Melody” de la parte final, donde Gene Kelly comparte escena con una sensualísima Cyd Charisse (bella actriz de interminables piernas)  y que acaba con un cierre coral y colorido cuya realización haría escuela.
  • Por ser una película que habla de cine y que cuenta con un más que interesante argumento de fondo: la llegada del sonido al cine. En el año 1927 los hermanos Warner estrenan “El cantor de Jazz”, la primera película con sonido sincronizado. Ese gran avance tecnológico afectó de lleno a todos los estudios de Hollywood, que para continuar siendo rentables debían de subirse a ese carro, pero afectó aún más a las estrellas de sus películas. Muchos actores de cine mudo tuvieron que dejar de hacer cine bien porque no tenían un registro adecuado de voz, bien porque sus actuaciones quedaban sobreactuadas. Ya no bastaba una cara bonita. Los actores de las películas tendrían que saber actuar al menos tan bien como los de teatro y para ello, muchos tendrían que formarse, reciclarse, adaptarse a la evolución de los tiempos.
  • Por contar con un guión de encargo finamente hilado: el guión fue encargado por el productor de MGM Arthur Freed a dos guionistas con la intención de retomar antiguas canciones de musicales de los años 30. Los guionistas tuvieron que componer una historia en la que encajaran todas estas canciones. Y la verdad, es que tuvo un gran resultado. No todo el mundo es capaz de montar una buena película por encargo (que se lo pregunten a los guionistas de “Batman vs Superman”).
  • Por Arthur Freed: inició su carrera artística escribiendo canciones para espectáculos, pero llegó al cine de la mano de Louis Mayer, el jefe de MGM, quien lo puso de ayudante de producción de “El Mago de Oz”. Gracias al éxito de la película acabó como productor encargado del departamento de musicales del estudio, obteniendo los mejores musicales de los años 50 (edad dorada del género), siendo premiado con dos oscars y descubriendo grandes valores del cine musical como Vincente Minelli, Stanley Donen o Gene Kelly.
  • Por Gene Kelly: de joven iba para economista, pero tras el crack de 1929 no habían muchos sitios para trabajar como tal y simplemente tuvo que buscarse otra cosa. Gracias a que bailaba desde bien chico, pudo llegar a los escenarios de Broadway, donde lo conoció Arthur Freed quien lo contrató para trabajar en MGM. Si en el mítico estudio es donde hizo sus mejores papeles, es en “Cantando bajo la lluvia” donde su sonrisa se come la cámara y su baile hipnotiza, a la par que alegra el alma de quien lo ve. Y uno quiere ser él.
  • Y por la escena del baile bajo la lluvia: la mejor escena de un musical rodada jamás. ¿Sabías que esta canción no estaba incuida en el guión original y que cuando la incorporaron en un nuevo borrador iba a cantarla la actriz de la película?¿Sabías que la grabación de esta escena duro casi tres días? ¿Sabías que Gene Kelly la grabó con 39 grados de fiebre pese a estar empapado durante toda la grabación?

Así que ahí te dejo la mejor escena musical de todos los tiempos, para tí, para tu disfrute:

intherain

Espero que si aun no has visto “Cantando bajo la lluvia”, lo hagas algún día. Que no sea porque no te he dado motivos.

 

¿Y si pudiéramos cambiar el pasado?

¿Y si volvemos al pasado?

Quién fuera Marty McFly para coger el DeLorean y volver a nuestro pasado para cambiarlo. Todos tenemos “y-sis” que en cualquier momento asaltan nuestro pensamiento y que podrían verse resueltos con facilidad viajando al pasado en esa máquina del tiempo con ruedas que fabricó el doctor Doc Emmett Brown en “Regreso al futuro”.

Quién no ha pensado en un “¿y si hubiera estudiado más?”, “¿y si hubiera hecho caso a  mi padre?”, “¿y si hubiera llegado a salir con aquella chica?”, “¿y si hubiera seguido en aquella empresa?”, “¿y si hubiera viajado al extranjero a trabajar?”, “¿y si hubiera invertido en sellos?”, … pues tu que me lees, que sepas que los “y-sis” no sirven para otra cosa que para perder el tiempo, y en algunos casos, incluso para dejarnos mal cuerpo. El pasado ya pasó. No puedes cambiarlo. Y tu eres lo que eres porque has vivido tu pasado, y la vida que has llevado y los hechos que has vivido te condicionan.

Probablemente si hubiera estudiado más, podría haber estudiado Ingeniería o Bellas Artes. Pero claro, si hubiera hecho caso a mi padre, seguro que me habría hecho Ingeniero. Si hubiera seguido saliendo con aquella chica, hubiera utilizado mi carrera para presentarme a unas oposiciones, eso sí, con carné de partido, y tener un apasionante trabajo en el podría leer el Marca todos los días, con tiempo para el desayuno y el almuerzo. Si hubiera seguido trabajando en aquella empresa, probablemente me hubiera ido muy bien, sin cobrar un duro, pero marcándome mi tiempo y mis prioridades (lo que como competencia se denomina “autonomía”). Si hubiera marchado al extranjero, me hubiera marcado un “Españoles por el Mundo” desde Irlanda (de los más de 6.000 españoles residentes, seguro que me hubieran elegido a mí). Y si hubiera invertido en sellos,… buff… ¡menos mal que se trata de un “y-si”!… de la que me he librado.

Si mi pasado pudiera cambiarse no cambiaría nada, ni bueno, ni malo. Todos esos “y-sis” sirven para lo que sirve el título de conde hoy día. Gracias a cada uno de los acontecimientos que he vivido, hoy tengo una extraordinaria mujer que me quiere, un fenómeno de hijo al que adoro, un trabajo que cada día me aporta nuevos conocimientos y una vida relativamente tranquila (dentro de lo tranquila que puede llegar a ser la vida con un niño).

No obstante hay un “y-si” que vale la pena usar. Es el “y-si” de los sueños. Es el “y-si” que nos puede servir para alcanzar nuevas metas, nuevos logros. Es el “y-si” que nos llevará a hacer las cosas de otra manera. Es el “y-si” que nos hará mejores personas, nos hará felices. ¿Y si estudio chino? ¿Y si monto una empresa? ¿Y si fuera delgado?…Y… ¿Y si fuera rico?…

Distinta música, distinta película.

La banda sonora es el alma de toda película. Las imágenes no son entendidas igual si vienen acompañadas bien por un ritmo frenético, bien por una atronadora fanfarria, bien por un delicado cuarteto de cuerda, bien por un sencillo solo de piano. Incluso un sobrio silencio sepulcral también puede llegar a tener una alta carga emocional. De haber tenido otra banda sonora distinta, muchas de nuestras películas favoritas no habrían sido tal.

¿Qué habría sido de  “Star Wars“, “El padrino“, “El puente sobre el Rio Kwai“, “Superman“, “Gladiator“, “La Pantera Rosa“, “El tercer hombre“, “La Misión” si hubieran tenido otra banda sonora? Hay películas que son más recordadas por su banda sonora que por su historia. De hecho, tan sólo escuchando su música conseguimos traer los mejores momentos de una película a nuestro pensamiento, a veces viviendo esta situación con intensidad. ¿Quién no ha hecho deporte con el tema de “Rocky“? ¿Quién no ha hecho el ganso en la piscina haciendo el vuelo de “Dirty Dancing“? ¿Quién no ha recibido a un americano con alegría?

En 1975, un joven de prometedora carrera llamado Steven Spielberg, con tan solo 29 años, grabó su tercera película: “Tiburón“.  Trabajaba por primera vez para una de las majors de Hollywood, los estudios Universal, toda una gran oportunidad para su carrera. Si la jugada salía bien, podría tener carta blanca para rodar todas las películas que quisiera. Pero a pocos días de comenzar el rodaje todavía no tenía un reparto asegurado. Para colmo, una vez entrado en materia, el rodaje se alargó por el empeño del director aun inexperto de rodar en mar abierto (quedando sujeto a las inclemencias del tiempo, a cámaras que se mojaban, a barcos ajenos al rodaje que se colaban en el plano). Y para más fastidio, el peso de la película caía en “Bruce”, un tiburón metálico teledirigido que se fastidiaba cada dos por tres y que en cámara no convencía.

Todo se le puso en contra. Spielberg pensaba que  sería el final de su corta carrera como director. La película, con un presupuesto inicial de cuatro millones de dólares, incrementaba su coste a marchas forzadas (acabó costando nueve). Pero todos los problemas fueron superados finalmente por el ingenio del director: con humildad acabó accediendo a rodar en estanques para así poder controlar el agua y conseguir los planos que quería, con imaginación sustituyó al tiburón de hojalata por planos que sugerían su presencia sin mostrarlo en pantalla,  y contando con la ayuda de gente excelente dotó a la cinta de una banda sonora que llenaba de suspense la experiencia de visionado.

La película ganó ese año 3 premios Oscars: mejor montaje, mejor sonido y mejor banda sonora. Además, la banda sonora también ganó un Grammy, un BAFTA y un Globo de Oro. Desde entonces, John Williams, el creador de la banda sonora, ha acompañado con su música cada una de las películas de Spielberg. Desde entonces Steven Spielberg ha llenado su carrera de éxitos. Y desde entonces todos nosotros hemos tarareado más de una vez al bañarnos en la playa el CHAAAAAAAN-CHAN… CHAAAAAAAN-CHAN… CHAN-CHAN… CHAN-CHAN… CHAN-CHAN .. .CHAN-CHAN…

La noche del 24 de marzo de 1975.

Michael tenía 28 años la noche del 24 de marzo de 1975, una noche que le cambiaría su vida.

Michael nació en una familia humilde que vivía en el legendario barrio de Hell’s Kitchen de Nueva York. pero se crió en los suburbios de Philadelphia. Un día sí y otro también, su padre, el peluquero, y su madre, la astróloga y maestra de baile, discutían. Un ambiente que no le fue muy propicio para su época de estudiante, en la que vivió varias expulsiones en diferentes colegios por ser muy conflictivo. Era un chico de barrio.

Aún siendo un chico de barrio, Michael estudió. Cambió de aires. Lo enviaron a estudiar a un colegio suizo en Génova. Y a su vuelta a Estados Unidos, decidió inscribirse en la Universidad de Miami para hacer tres años de Arte Dramático. Finalmente volvió a Nueva York para buscarse la vida.

Realizaba pequeños trabajos de actor a la par que escribía guiones. No le daban para mucho. Pequeños papeles en Broadway y pequeños papeles en televisión o en el cine. Aún así no perdía el ánimo y seguía escribiendo. Sabía que algún día le llegaría el éxito que buscaba. Y la noche del 24 de marzo de 1975 encontró el camino.

En la noche del 24 de marzo de 1975 Michael asistió a una velada de boxeo en la que el campeón del mundo Mohamed Ali se enfrentaba al “sangrador de Bayonne”, Chuck Wepner, quien según la revista Sports Illustrated era “un ancho bloque de corazón y sueños, uno de los últimos peleadores de clubes, de esos que te dan todo lo que tienen, que convierten al ring en un mar púrpura y siguen pidiendo más“. Mohamed Ali venía de haber ganado a Foreman en el legendario combate de Kinshasa (Zaire). Las apuestas estaban 30 a 1 a favor del campeón. Pues la velada fue toda una sorpresa. El “sangrador de Bayonne” hizo cara al campeón, de hecho en el noveno asalto hizo que Alí besara la lona por primera vez en muchos años. Y es más, llevó el combate al último asalto, el quince. Diecinueve segundos antes de que sonara la campana, Alí dejó K.O. a Wepner.

Esa velada pugilística llevó a Michael a escribir un guión en sólo tres días. Michael Sylvester Gardenzio Stallone escribió el guión de Rocky en tan sólo tres días. Encontró productores interesados en rodarla, pero ninguno quería que fuese él quien la protagonizara, querían actores de primer orden como Burt Reynolds o Robert Redford. Aceptó bajar su caché para finalmente poder protagonizar la película.

Rocky obtuvo en 1977 el Oscar a la mejor película, la nominación de Stallone a mejor actor, y cómo no, la nominación de Stallone a mejor guionista, así como cuatro nominaciones más para la cinta. Stallone se convirtió en el tercer hombre nominado en un mismo año a la categoría de mejor actor y mejor guionista (los anteriores habían sido Charles Chaplin y Orson Welles). Ese año Rocky recaudó más de 200 millones de dólares de la época. Además supuso para Stallone su llegada al Star System de Hollywood y el comienzo de la gran carrera cinematográfica que todos conocemos,

Stallone gustará más o menos. De hecho es un tipo listo de barrio que se abrió camino en un  mundo elitista. Pero en cualquier caso, ante todo es un ejemplo vivo de que con constancia, finalmente podemos encontrar la senda que buscamos.

y.

Los Episodios Nacionales en TV.

Este verano me he dedicado de pleno a dos de mis pasiones: la televisión y la lectura.

Con respecto a televisión he disfrutado de “Juego de Tronos” (la mejor serie que he visto en todo este año y que recomiendo encarecidamente), la cual está basada en una serie de libros muy populares en Estados Unidos llamada “Canción de Hielo y Fuego” escrita por George R.R. Martin. También he disfrutado de la serie “Espartaco: Sangre y Arena“, otra serie histórica magistralmente realizada con una estética muy cercana al comic, donde la sangre cobra vida y donde la brutalidad propia de la época se refleja con bastante veracidad. Asimismo, este verano también he visto la última temporada de “Los Tudor” serie que pese a ser maltratada por los puristas de la Historia al considerarla demasiado novelada, ha conseguido acercar a grandes personajes de la historia a todos los públicos (entre ellos nuestro Emperador Carlos I o Catalína de Aragón, y cómo no al mujeriego de Enrique VIII).

En cuanto a libros, pues cómo no, como siempre he podido disfrutar de varias historias completas de superhéroes de Marvel (aunque me gusta más el universo DC), y otro volumen más de los “Episodios Nacionales” de nuestro Benito Pérez Galdós. Y este último sí que lo he disfrutado. Y ahí es donde yo quiero llegar.

Los “Episodios Nacionales” relatan de manera novelada una de las épocas más convulsas de la Historia de España, la comprendida entre 1805 (con la Batalla de Trafalgar) y el comienzo de “La Restauración” (aproximadamente en 1880). Están compuestos por 46 libros, repartidos en 5 series. Yo estoy acabando la primera serie, y me ha sorprendido gratamente, tanto que me pregunto por qué en este país nadie es capaz de coger una obra tan bien hecha y llevarla a la televisión.

Las historias están muy bien relatadas, cuentan con un amplio elenco de personajes, detallan minuciosamente los lugares, vestimentas y objetos, y lo mejor, explican fielmente esta etapa de nuestra Historia. De hecho, una de las historias que más me ha impactado es la referente al segundo sitio de Zaragoza, llevado a cabo por las tropas napoleónicas durante la invasión de Francia a España  y que tuvo rodeada la ciudad de Zaragoza desde el 21 de diciembre de 1808 hasta el 21 de febrero de 1809, tras haber realizado un primer sitio en verano sin éxito. Los 55.000 habitantes con los que contaba Zaragoza tuvieron que fortificar la ciudad y resistir noblemente los ataques y cañonazos de los franceses, además del tifus y pestes provocadas por los muertos que poblaban las calles al no poder ser enterrados. Al final del sitio se diezmó la población hasta quedar en unos 12.000 habitantes.

Hombres, mujeres, niños, soldados, civiles, eclesiásticos, españoles todos que lucharon para hacer frente a un enemigo que había usurpado el poder invadiendo a su país vecino.  ¿Acaso no es historia digna de ser llevada al cine?

Para quien no lo conozca: TE PRESENTO A J.J. ABRAMS.

Lo más probable es que muchos no conozcáis a Jeffrey Jacob Abrams, llamado J.J. Abrams en el mundillo de las pelis, pero si os digo que es quien ha hecho posibles series de tanto éxito como “Felicity“, “Alias“, “Perdidos” o mi encantadora serie “Fringe“, tal vez os podeís hacer a la idea de que es uno de los grandes creadores de historias con los que cuenta  actualmente el panorama audiovisual.

Lo admirable de su persona es que a sus 44 años cuenta con una gran experiencia, ya que en 1990, con tan solo 24 años, escribió su primer guión para Touschstone Pictures: una comedia protagonizada por James Belushi, llamada “Millonario al instante”. Posteriormente también sería guionista de “A propósito de Henry” (con Harrison Ford) o “Eternamente joven” (con Mel Gibson).

Tras colaborar con el superproductor Jerry Bruckheimer en “Armaggedon”, en 1998 creó su propia productora: “Bad Robot“. Esta productora inició su andadura con la serie “Felicity“, pero además de otras grandes series televisivas, ha sido la responsable de las películas “Frecuencia Mortal“, “Misión Imposible III” (superando con creces a su predecesora), “Monstruoso” (una acojonante y original película con mostruito y cámara de video al hombro) y “Star Trek XI” (la más exitosa de toda la saga, con el mérito de reiniciar la historia, cambiando la historia de Kirk y Spock sin que los trekkies más puristas se rompan sus vestiduras).

A día de hoy J.J. Abrams cuenta con carta blanca para realizar cualquier proyecto. De hecho, su próximo proyecto “Super 8” ha contado con el apoyo de Steven Spielberg y su objetivo: relanzar las agradables aventuras juveniles al uso de las que disfrutamos en la decada de los 80, como “Los Goonies“.

El próximo 19 de agosto, podremos deleitarnos de su última creación. Seguro que no defraudará.