La máquina inmóvil.

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Si cosas buenas tiene el verano para mí, de la cosa que más disfruto es la de poder devorar libros, sentado a la sombra, buscando el fresco (creeme, en Murcia lo hay) y gozando de las largas siestas de quienes me rodean.

Unos veranos me he centrado en grandes clásicos, otros en la Tierra Media, otros en tiempos de conquistadores, otros en tiempos de guerra, otros en inviernos que parecen no llegar nunca, otros entre amores y espías, otros entre vampiros sanguinolentos y asexuados, otros entre las reglas de la robótica y este verano, no sé por qué, ha tocado como tema de fondo el apasionante mundo de la Administración del Estado.

Por un lado me he leido la recopilación de “Artículos” de D. Mariano José de Larra, donde figura el excelente “Vuelva Usted mañana”. Por otro, “Miau” de D. Benito Pérez Galdós, novela muy entretenida y de ágil lectura. Ambos textos muy recomendables, tanto por entretenidos como por actuales, y eso pese a haber sido escrito el primer libro en 1833 (año en que murió el rey felón, Fernando VII) y el segundo en 1888 (época de la Restauración borbónica, Regencia de María Cristina). Tras su lectura, uno comprende lo poco que ha cambiado desde entonces la esencia de la Administración y, por ende, la propia España.

Y es que me ha llamado mucho la atención la escasa capacidad de cambio, el tremebundo inmovilismo, la minúscula voluntad de mejora del sistema administrativo español. Cómo puede ser que desde 1800 hasta la fecha, con la multitud de cambios de gobiernos sufridos, con los increibles logros técnicos y culturales conseguidos, con los grandes éxitos alcanzados por la sociedad civil de España, sus empresas (hoy más presentes en el mundo que nunca) y sus ciudadanos (actualmente los más formados de la historia de España), la Administración del Estado sigue manteniendo la misma lapidaria esencia: burocracia pesada, modelos de mil colores y trámites inacabables.

La Justicia es lenta, y por lenta ineficaz. Si inscribir un hijo en el Registro Civil puede llegar a ser toda una aventura, no quiero pensar en vivir en primera persona una demanda por vía civil. La Sanidad Pública registra grandes listas de espera y algunos de sus usuarios peregrinan entre hospitales como quien hace el Camino de Santiago, incluso hay pacientes que han tenido que empadronarse en una u otra ciudad para poder ser atendidos en uno u otro hospital. Realizar trámites ante la temida Hacienda, reclamar una multa de tráfico, pelear por el valor catastral de tu vivienda que sube y baja según el criterio de no sé quién… en cualquiera de los casos hay que armarse de paciencia, ponerse en manos de profesionales, documentarse todo lo posible y ante todo dar con un funcionario de buen espíritu que te haga el favor del siglo.

Sí, el favor del siglo. Por suerte hay buenos funcionarios, que conocedores de la torpeza del sistema administravo, ponen toda su buena voluntad en ayudar al administrado:  lo orientan (vaya a tal o cual sitio, a tal o cual hora y pregunte por fulano), lo trasgreden saltándose un paso (paso este legajo de papeles de la parte baja del montón a la parte alta) o hacen la vista gorda (no le digas nada a nadie, pero yo pongo esto en el ordenador y ya está, que si no no acabas nunca). Eso es lo que llamo el favor del siglo. Cuando te lo hacen sales llorando de la emoción, conmovido por tanta bondad y embriagado por tal golpe de suerte. ¡Madre mía, he acabado este trámite después de 2 meses!

En los últimos años diferentes administraciones del Estado se han venido modernizando y adaptándose a los tiempos, luchando contra ese inmovilismo que inunda todo el sistema. Nunca fue tan fácil presentar la declaración de la renta como lo es ahora mediante la aprobación/modificación del borrador on-line.También se puede obtener de forma sencilla una vida laboral. Pedir cita on-line para tramitar tu DNI o un pasaporte, e incluso para acudir a tu médico de cabecera, te evita perder la mañana haciendo cola.

Pero no todas las administraciones han digitalizado y/o simplificado trámites. Algunas, plenamente conscientes del lastre que supone para la sociedad esa pesada losa de la burocracia, llevan años buscando la forma de hacerlo, aunque sin llegar a ningún lado. Otras ni han comenzado con ello al estar inmersas en problemas que ni le van ni le vienen a los ciudadanos, o simplemente, ni se lo han planteado. Así que todavía queda mucho por hacer para dar con una Administración que, cercana al ciudadano, sea justa, ágil, transparente y eficaz.

Claro que para cambiar el sistema, el cambio ha de ser impulsado por la clase política, la cual, si a día de hoy es incapaz de llegar a un simple acuerdo para gobernar un país que lleva más de un año con un gobierno de interinidad y está falto de acometer una gran serie de reformas, dificilmente podrá cambiar nada.

Pero concluyendo en positivo: si 216 años después de que D. Mariano José de Larra y D. Benito Pérez Galdós escribieran sus relatos, pese al escaso cambio experimentado por la Administración del Estado y pese al continuo conflicto de quienes nos han gobernado, España es la 12ª economía del mundo (según el FMI), qué podría llegar a ser España si afinamos toda su maquinaria.

P.D.- El verano que viene desempolvaré mis álbunes de Makinavaja. Al menos, risas aseguradas.

 

¿Y para cuando un horario europeo para España?

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Esta noche he disfrutado de dos capítulos de la magnífica Homeland en la tele de pago. Desde las 21:30 horas hasta las 23:16 horas. A esa hora todavía le quedan para acabar más de treinta minutos a “Aguila Roja”, una hora y media al “Tu cara me suena mini” (como sino hubiéramos tenido suficiente con la versión maxi) y más de dos horas a la enésima edición del esperpéntico  “Gran Hermano”.

Esta bien que las televisiones generalistas apuesten por programas que tienen un nutrido grupo de seguidores, pero al contar con una licencia administrativa del Gobierno de España, también deberían contribuir con el descanso de los ciudadanos. Y es que aún no logro entender por qué los programas del llamado “prime time” se han ubicado en una franja horaria tan tardía: la de las 22:40 a las 24:30 horas.

Los mayores del lugar cuentan que hubo una época en la que el parte, hoy los noticiarios, comenzaban a las 20:00 horas, casualmente la hora en la que empiezan en toda Europa. Luego se trasladaron a las 21:00 horas. Su duración inicial eran de 30 minutos. No logro recordar el momento en que pasaron a ser de una hora, incluyendo en ocasiones más de la mitad de este tiempo con contenido deportivo (futbol en su mayor parte). Además, el pronóstico del tiempo lo sacaron fuera de los noticiarios, con duración de unos 10-15 minutos.

Si hay futbol durante la semana (adelanto de Liga, Champions League, Europa League, todos con la selección), todas las cadenas se las ingenian para poner sus programas importantes al término del partido que haya tocado ese día. A esto hay que añadir el efecto “El Hormiguero”, “El Intermedio”: programas de alta audiencia que han lastrado aún más la franja del “prime time”. Y no nos vayamos a olvidar de los cortes publicitarios.

En mis propósitos para este año estaba el de ver menos tele. Voto a Dios que lo intento todos los días y que por eso me planteé ser más selecto a la hora de dedicar mi tiempo de tele al día. Plataformas como “Yomvi” de “Canal+”, “Movistar TV”, “Wuaki TV” o “Netflix” (que desembarcará por fin en 2015 en España) hoy día ayudan a que un espectador pueda seleccionar o planificar su tiempo de televisión. En países como Estados Unidos este sistema de televisión a la carta ya es todo un hecho y ya ha quitado espectadores a las televisiones generalistas, además de cambiar el modelo de medición de las audiencias en el país.

Desde hace unos cinco años, en España hay un movimiento que está intentando la racionalización de los horarios a objeto de contribuir con el aumento de la productividad en las empresas. Junto con medidas tales como la de recuperar la franja horaria de Londres (una hora menos), fomentar la jornada intensiva y/o flexibilización de la misma, está la de europeizar los horarios de la programación de los canales de televisión españoles. ¿Cuándo tendremos un horario europeo en España?

Uf, al final me he liado escribiendo y se me han hecho las 00:40 de la mañana. Para colmo entro temprano al trabajo. A ver qué productivo soy yo mañana. ¡No hay nada mejor que predicar con el ejemplo!.

Que nos preocupen las personas. También las mayores.

No me gusta en qué se está convirtiendo el mundo. Ya no es por esta maldita crisis, la cual pasará antes o después, como tantas otras pasaron antes, sino porque cada vez las personas nos estamos volviendo más egoistas. Nos preocupamos en demasía en acumular dinero para poder adquirir productos de última moda. Nos preocupamos por desarrollar una ambiciosa carrera profesional que nos encumbre a lo más alto. Nos preocupamos por ser aceptados socialmente, por el qué dirán o por lo que han dicho. Pero no nos preocupamos de las personas.

Pasamos ante un mendigo pidiendo, sentado en el suelo, y no nos sobrecogemos al verlo. Vemos a dos personas pelearse y pasamos de largo para no inmiscuirnos. El vecino pierde la casa y estamos seguros de que ha vivido por encima de sus posibilidades. La televisión nos bombardea con sobrecogedoras imágenes de hambrunas en África, y si nos conmueve tan sólo un ápice, cambiamos a Salvamé, que las desgracias de la Esteban es lo que de verdad nos preocupa.

Y si las personas preocupan poco, cuando llegan a viejas preocupan menos: que se lo cuenten al lumbrera de Taro Aso, el actual ministro de Economía de Japón (sí, los japoneses también tienen lumbreras), que durante una reunión de su Consejo Nacional sobre la reforma de la Seguridad Social soltó por su boca que “Dios no quiera que ustedes se vean obligados a vivir cuando quieran morir. Yo me despertaría sintiéndome mal sabiendo que todo [el tratamiento] está pagado por el Gobierno” y que “el problema no se resolverá a menos que ustedes se den prisa en morir”. Todo un tio sensible. Qué majo el Sr. Aso. Preocupado por el contribuyente. Con menos viejos, pagamos menos impuestos.

Las palabras de este político japones parecen que han causado gran polémica, en primer lugar porque es un país que cuenta con una población donde casi una cuarta parte de sus 128 millones de habitantes son mayores de 60 años, y en segundo lugar porque en la cultura oriental está muy arraigado el respeto a los mayores. En cambio a mí, más que causarme espanto o llevarme a rasgar mis vestiduras en plan “progre-cool”, sólo me han llevado a valorar aún más el respeto para con los mayores. Que ellos nos han cuidado, nos han transmitido sus conocimientos y sus valores, nos han dado momentos buenos y mejores… ¡¡¡que a más de uno nuestros abuelos nos han regalado calcetines y calzoncillos en Navidad!!!… ¿cómo no valorarlos?