Las cosas pasan porque tienen que pasar.

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Cuando una mariposa mueve sus alas en un bosque de Birmania, un tornado se produce en Villafranca del Bierzo. Cuando un camello espanta moscas con su rabo a cien kilómetros de El Cairo, un payo gringo de Arkansas sufre un vahído. Cuando un mosquito tigre invade mi casa, me jode la noche. Teoría del caos del bueno.

Las cosas pasan porque tienen que pasar y ya está. Por mucho que nos empeñemos en buscar culpables, en buscar métodos mágicos, en leer libros de autoayuda, en creernos los responsables de nuestro destino, siempre pasa algo cuando menos te lo esperas: que te relajas, pues te la meten; que te acomodas, pues te fastidian; que vas en una nube, pues te mandan una borrasca. Con rayos. Con un huevo de rayos.

Algunos provocamos que nos pasen cosas. Cosas buenas y cosas malas. Por nuestros actos. Por lo que leemos. Por cómo socializamos. Por cómo nos expresamos. Somos auténticos zoquetes que nos empecinamos con cuanto se nos pone a tiro. Nos enseñan un trapo rojo y envestimos cual toro bravo en el ruedo. Pasamos la vida comprando boletos de lotería y un buen día nos toca el premio gordo y dos aproximaciones. Pero aún así, permíteme que insista, la gran mayoría de las cosas pasan porque tienen que pasar.

Porque nuestros actos vienen marcados por el entorno donde nos hemos criado. Porque nuestras ideas se forman de cuanto conocimiento hayamos tenido a nuestro alcance. Porque nuestras amistades influyen en las decisiones que tomamos. Porque la manera en la que hablamos o nos hablan es la base del cómo pensamos. Todo ellos son factores en los que podemos trabajar para mejorar nuestras vidas (y muchas veces con éxito), más en ocasiones se nos complican y de qué manera.

Pero la mariposa birmana volvió a aletear hace un par de días. Las moscas que espantó el camello fueron a incordiar a un mercader de ultramarinos del zoco. El mosquito tigre de mi habitación se ha convertido en mosquito dragón y jode aún más si cabe… Factores extraños, que se nos escapan de las manos. Que tal vez hayan supuesto un acontecimiento en mi vida. Factores estos últimos te hacen pensar en que las cosas pasan porque tienen que pasar.

¿Qué hacemos cuando una enfermedad llega a nuestra vida? ¿Qué hacemos cuando sufrimos un accidente? ¿Qué hacemos cuando un indeseable pasa por nuestra vida o por la de alguien a quien queremos? Puedo buscar culpables. Puedo recurrir a pensamientos mágicos e irracionales. Puedo abrazar la fe. Puedo acudir a un gurú. Puedo decir “me lo merezco”.

¿Qué hacemos cuando nos toca un premio? ¿Qué hacemos cuando conseguimos un buen puesto de trabajo? ¿Qué hacemos cuando conocemos al amor de nuestra vida? Puedo buscar colaboradores. Puedo recurrir a pensamientos claramente racionales. Puedo buscar la fé. Puedo acudir a Meetic. Puedo simplemente decir “me lo merezco”.

Yo quiero creer que uno es dueño de su vida. Quiero creer que el trabajo te lleva al destino que te has fijado. Pero las cosas extrañas pasan y acaban causando un impacto en tu vida: puedes perder la oportunidad de tu vida porque alguien golpeó tu coche y llegaste tarde a tu cita, o puedes dar con la oportunidad de tu vida porque alguien golpeó tu coche y acabó siendo tu pareja.

Ni azar, ni destino. Las cosas pasan porque tienen que pasar. ¿O no?

 

 

Sr. Lobo, tengo un problema.

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Un buen día Vincent y Jules tuvieron un problema de trabajo. Su jefe pulsó el botón rojo de alarma y de inmediato tuvieron que acudir raudos a cumplir un recado. Confiados en su habitual proceder, tras una calmada actuación de Vicent y después de un brillante speech de Jules, una vez dentro del coche en el que viajaban, sin comerlo ni beberlo, todo se les fue de madre: a Vincent se le disparó su pipa sin querer y la cabeza del capullo que iba sentado en la parte trasera del coche reventó, llenándolo todo de sangre y sesos.

Así que claro, la jornada de trabajo se les complicó ante tal marrón. Era el momento de tirar de contactos y, tras hacer uso del Linkedin de los matones a sueldo, Jules decició acudir a casa de su amigo Jimmie. Pero este amigo ni trabajaba en el sector, ni contaba con las competencias y habilidades necesarias para ventilar fulanos, por los que no les pudo servir de gran ayuda. Finalmente, viéndose incapaces para salir del atolladero, Vincent y Jules se vieron forzados por la situación y, agachando la cabeza, haciendo de tripas corazón, decidieron importunar a su jefe telefónicamente para que les resolviese tan funesta papeleta. Y el jefe les ayudó: mandó al Sr. Lobo.

Te acuerdas de él (aunque no tenga ni género, ni edad). De hecho lo conoces. El Sr. Lobo es esa persona a la que has tenido que recurrir en alguna ocasión para que te echara la mano con un marrón de última hora salido directamente de lo más profundo del infierno. Es el comodín del público, la bala en la recámara, el último recurso que gastar antes de enfrentarte a un incómodo desenlace. Es todo un profesional en encauzar vías abocadas hacia el desastre más grande jamás contado. Pragmático y a la par creativo, nunca pierde los nervios (o al menos aparenta no perderlos) y te tranquiliza conforme contemplas su hacer, siempre resolutivo.

En mi caso, cuando alguna vez ha llegado el momento de aguas bravas, he tenido la suerte de conocer a señores y señoras Lobo que han llevado mi barco a buen puerto. Pero lo mejor de todo es que no he tenido que tirar de agenda o demandar una ayuda especializada. A mi alrededor siempre han habido muchos señores y señoras lobo, personas buenas dispuestas a remangarse, a entrar en faena y a sacar para adelante cualquier situación por complicada que fuera. Y seguro que a tu alrededor también los hay.

Porque hay muchos señores y señoras Lobo a nuestro alrededor. Buenos lobos y  lobas. Muchos más de los que te imaginas. Hay mucha gente que sin esperar nada a cambio te va a dedicar un tiempo de su vida. Por cada estirado perdonavidas con el que puedas encontrarte (incapaces de mirarte y  no digamos de hablarte), hay cientos de estupendas personas que incluso sin conocerte te ofrecerán su mano cuando lo necesites, tranquilizándote, sonriéndote, ofreciéndote una perspectiva mejor.

Decía Hobbes aquello de que “el hombre es un lobo para el hombre”. Si bien él hacía referencia al egoísmo propio del ser humano (que lo tiene), yo le quito la connotación negativa a la frase. El lobo es bueno con el hombre. Uno se siente mejor al contar con lobos buenos pululando por su vida.

Y que quede clara una cosa. No hay que abusar de ellos (no sea que se cansen de salvarte el culo una y otra vez). Pues como todo en la vida, recurrir a un Sr. Lobo siempre tiene una contraprestación: si quieres que te ayuden hay que estar dispuesto a ayudar. “Quid pro quo, Clarice” (pero eso ya es otra película).

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Propósitos y despropósitos para 2018.

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Mientras escribo estas líneas, apenas quedan cinco horas para que acabe 2017. Y claro, es el momento típico de recordar todo lo vivido durante estos 365 días y plantear nuevos retos con los que encarar 2018. Pues va a ser que no.

Querida personita que me lees, utiliza estas últimas horas del año para otras cosas más provechosas. Tendrás más éxito viendo un capítulo de esa nueva serie que te has descargado o acicalándote para la fiesta de Nochevieja, que haciendo propósito de dejar de fumar, adelgazar, salir a correr, aprender Inglés, etecé, etecé, etecé.

Muchos deseos los lanzamos al aire como escupimos cáscaras de pipas al comerlas. Y es precisamente porque los lanzamos al aire que los deseos se disuelven en él, de manera que los perdemos. No llegamos ni a intentar cumplirlos. Nos quedamos en el mero pensamiento. Y así no concretamos nada. En vez de propósitos de año nuevo, creamos despropósitos de año nuevo.

Muchas cosas suceden porque queremos que sucedan. Dedicamos mucho tiempo a pensarlas y a prepararlas, muchas veces de forma inconsciente e interrumpida. Nos pasan cosas que no nos gustan y queremos corregir, se nos ocurren ideas que descartamos por no creer en su valor, nos dan consejos que ignoramos por innecesarios. Pues todo lo que te pasa por tu vida, en mayor o menor medida, queda en tí, y tu cerebro las rumia sin que tu te des cuenta.

Alguien me contó una vez que un buen día se despertó, abrió los ojos, vió a quien dormía a su lado y en ese momento decidió que no quería seguir más junto a aquella persona. Cuando la otra persona abrió los ojos, le pidió terminar la relación. Aunque contado así no lo parezca, este hecho no fue una decisión caprichosa. Venía de mucho tiempo atrás. Lo había pensado mucho. Muchas cosas habían pasado hasta entonces con su pareja para que amaneciera con esa decisión.  Lo que pasó esa mañana, es que tras mucho tiempo dándole vueltas, por fin dedició dar paso a la acción.

Así que no. No lo hagas ahora. Es momento para otras cosas mejores. Pero cuando puedas, intenta sacar tiempo para escucharte a ti mismo y encontrar esos mensajes o ideas recurrentes que te vienen de vez en cuando, ¡que ya conoces! Intenta plasmarlas por escrito y dales forma. Si es posible cuéntale a a otras personas tus propósitos. Ya verás como estarás listo para empezar a cumplirlo e intentarlo. Y ante todo, no temas. Que luego te sale algún problema, pues nada, conforme venga se acepta, se busca solución y si no la hay pues a otra cosa.

Yo ya tengo mis propósitos listos para 2018, o casi. Uno es aumentar mi grado de cumplimiento con respecto a mi decálogo personal (lo tengo puesto en la pared de mi escritorio hace ya unos 4 años). Y el otro… aún estoy entre dos… pero en unos días mi consciencia me lo dirá y yo se lo diré a alguien.

Mis mejores deseos para ti y tus propósitos en este 2018 que comienza.

 

 

 

La banda sonora de mis cuarenta años.

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Dicen quienes me conocen que cuando hablo de cine no tengo criterio, pues todas las películas me gustan. Y es que de todas suelo sacar algo bueno, principalmente porque les pido a cada una lo que se puede esperar de ella y no más. Por ejemplo, si veo una de Spielberg, además de una buena historia, le pediré fotografía, planteamientos de cámara, interpretación, banda sonora; pero si veo una película de los hermanos Farrelly, tan sólo le pediré pasar el rato, reírme un poco y no más. Al fin y al cabo siempre hay una película para ver en cualquier momento de nuestra vida, ya sea de ahora, de ayer o de siempre.

Pues con la música me pasa igual. Me gusta toda ella. Y lo mismo: para cada momento de nuestra vida hay una canción esperando. Van pasando los años y sin darnos cuenta, a lo largo de nuestra vida, vamos conformando nuestra propia banda sonora, de tal manera que al escuchar cada una de las canciones que la integran evocamos momentos,  caras de seres queridos, sensaciones, olores… auténticos videoclips que rodados en primera persona quedaron grabados en la cinta VHS alojada en nuestra mente.

Así que en el día de hoy, día de mi cuarenta cumpleaños, quiero hacer un homenaje a canciones que han pasado por mi vida y que han conformado la banda sonora de mis primeros cuarenta años. Y qué mejor que hacerlo con esta lista de canciones, ordenadas por cada uno de mis cuarenta años. Así que ahí va:

  • 1977: “Stayin’ Alive” (Bee Gees). Éxito a raíz de la película de “Fiebre del Sábado Noche”, años más tarde la bailé con varios compañeros en un festival del Instituto.
  • 1978: “Hopelessly Devoted to You” (Grease Soundtrack). La película “Grease” es un clásico del cine y del género del musical. Si bien todas sus canciones son muy buenas, yo me quedo con la almibarada rubia Sandy cantando a su Danny Zuko.
  • 1979: “Superman” (Miguel Bosé). Ya de pequeño me gustaban los comics del superhéroe y también ese chaval que tan bien bailaba por televisión. Tal vez algún día yo podría ser el Billy Elliot de mi pueblo.
  • 1980: “Santa Lucía” (Miguel Ríos). Una canción que puse muchas veces en el tocadiscos, en el radio-casete y de las primeras en descargarme en mp3.
  • 1981: “Pavo Real” (José Luis Rodríguez “El Puma”). Si bien se publicó originalmente en 1980, la canción triunfó en España en el verano de 1981. Unos cuantos años más tarde me acompañaría en varias buenas noches de fiesta.
  • 1982: “Bailando” (Alaska y los Pegamoides). Mira que han pasado años y todavía sigue siendo una canción para disfrutarla… bailando.
  • 1983: “Barrio Sésamo” (versión Espinete). Aún hoy se repite la música de su cabecera en mi cerebro de manera recurrente, de forma placentera, por cierto. Esta música me evoca a mi infancia y a agradables tardes en casa de mis primas. Hoy día me complace ver que el programa en su nueva versión también contenta a mi hijo.
  • 1984: “Thriller” (Michael Jackson). El álbum fue lanzado a finales de 1982, se comercializó en España durante 1983 y pegó un pelotazo después de que en el especial de Nochevieja de RTVE “Viva 84” de “Martes y Trece”se estrenara su vídeo musical, considerado hoy día como uno de los mejores vídeos musicales de la historia.
  • 1985: “Material Girl” (Madonna). Una de mis rubias favoritas. A finales de 1984 lanzó el album “Like a Virgin”, con buenas canciones, pero esta es la que más me gusta, sobre todo por su vídeo músical, homenaje a la película “Los caballeros las prefieren rubias” (1953).
  • 1986: “Voyage Voyage” (Desireless). Creo que va a ser la única canción en franchuten que voy a poner, aunque hay muchas canciones francesas que son más bonitas que esta. No obstante, esta canción sonó mucho este año y quedó en mi recuerdo.
  • 1987: “Bad” (Michael Jackson). Para este año tenía que elegir entre el “Boys, Boys, Boys” de Sabrina (sus pechos bombardearon las retinas de miles de niños por aquel entonces) o esta canción. No ha habido duda. Hoy día habrá quien discuta acerca de la imagen del cantante, pero lo cierto es que fue el Rey del Pop y marcó toda una época. Esta canción volvió a ser todo un éxito y volvió a contar con un excelente vídeo musical (dirigido  por Martin Scorsese).
  • 1988: “Always on my mind” (Pet Shop Boys). La canción no era nueva. Antes que ellos la versionaron grandes de la canción como Elvis o Willie Nelson. Pero esta canción iba impregnada del sonido tecno que siempre ha caracterizado a los británicos Pet Shop Boys, y si bien esta canción es una de mis favoritas, para mí esta es la versión que más me gusta.
  • 1989: “Adiós papá” (Los Ronaldos). Preparando la bienvenida a la adolescencia y a las ganas de pedir dinero.
  • 1990: “Si bastasen un par de canciones” (Eros Ramazzotti). Una bonita canción para pensar en todos aquellos que están abandonados, con un futuro indiferente, sin un pasado, sin un presente. Por desgracia, la canción continúa teniendo vigencia.
  • 1991: “Shiny Happy People” (REM). Es una canción que gusta a toda una generación. Hubo una época en que la ponían en todos los pubs. Iba en el album “Out of Time” (uno de los últimos vinilos que entraron en casa).
  • 1992: “Smells like teen spirit” (Nirvana). Llegaba el grunge o sonido Seattle, de la mano de una banda de jóvenes liderada por un pavo apenao de pelo grasiento que se quitó del medio unos cuantos años después. Que penica de zagal y qué buenos eran los jodios.
  • 1993: “Amazing” (Aerosmith). Mi favorita del redondo álbum “Get a Grip”. Lo tenía grabado en un casete de cromo de TDK que durante un año estuvo sonando en mi Walkman “autoreversible”.
  • 1994: “Sympathy for the Devil” (Guns N’ Roses). Vale: la canción es de los Rolling Stones y de antes de que yo naciera. Pero la conocí al formar parte de la película “Entrevista con el Vampiro”, como también me llevó a conocer todas las Crónicas Vampíricas escritas por Anne Rice. Siempre que la escucho me acuerdo de Lestat.
  • 1995: “Wonderwall” (Oasis). La canción sonó por toda Europa y USA durante todo el año. De hecho, es con diferencia la canción más famosa de este par de hermanos.
  • 1996: “Wannabe” (Spice Girls). No te lleves las manos a la cabeza y reconoce que la has bailado. Que te caiga mejor o peor alguna de ellas, no desmerece el enorme éxito que tuvieron.
  • 1997: “La flaca” (Jarabe de Palo). Si bien la canción se publicó en 2016, fue en el verano de 2017 cuando la canción se convirtió en un hit gracias a un anuncio de televisión (Duca-2 music). Tan pegadiza que aún la canto y canto.
  • 1998: “Oye” (Gloria Estefan). Y que le iba a hacer si por aquella época tenía las hormonas funcionando y la noche me confundía… mi cuerpo pedía salsa.
  • 1999: “Ciega, sordomuda” (Shakira). Entonces era morena y tenía un toque rebelde (que hoy día a perdido) pero me conquistó por su voz. Tiene una voz muy personal, además de todo mi respeto.
  • 2000: “It’s my life” (Bon Jovi). Estupenda canción para poner en el coche a todo trapo y que te de un subidón-subidón.
  • 2001: “Nada de ná” (Café Quijano). Un par de años después de petarlo con “La Lola”, apareció “La taberna del buda”, un álbum grabado en Los Ángeles con una producción muy cuidada. Fue el disco del año y parte del 2002.
  • 2002: “Hurt” (Johnny Cash). Es uno de los grandes cantantes de la historia de USA. Esta canción de recapitulación ante el próximo final de la vida fue su último éxito antes de su muerte en 2003. La canción me toca la fibra, porque cuando llegue a mis segundos cuarenta años y revise mi vida, no quiero pensar en volver atrás y cambiar mi pasado.
  • 2003: “Bring me to Live” (Evanescence). Lo único bueno de la película “Daredevil”(estrenada ese mismo año). Tiene un punto gótico y peliculero, guitarreo del bueno y siempre que acabo escuchándola tan sólo quiero seguir disfrutando de la vida.
  • 2004: “Andar conmigo” (Julieta Venegas). Esta canción se publicó a finales de 2003, pero sonaba mucho en 2004. De hecho sonaba mucho cuando empecé a salir con quien hoy es mi mujer.
  • 2005: “Canta corazón” (Alejandro Fernández). Yo ya conocía a su padre (por sus rancheras), pero ese año publicó su “Mexico-Madrid: en directo y sin escalas” y me ganó. Pues además de cantar melódico, es un fenómeno cantando rancheras y cantando sobre un escenario.
  • 2006: “En que estrella estará” (Nena Daconte). Tras el pelotazo del primer Operación Triunfo en 2001-2002, llegó una segunda temporada. De 17 concursantes, la primera en salir de la academia fue Mai Meneses. No se supo nada de ella hasta 2006, año en el que con el grupo Nena Daconte sacó esta estupenda canción que además tuvo un gran éxito, consecuencia de creer en ella misma y de trabajar mucho para obtenerlo.
  • 2007: “Grace Kelly” (Mika). Buen rollo. Buen rollo. Buen rollo. Para saltar de alegría como un crío.
  • 2008: “Hot n Cold” (Katy Perry). Año en el que aparece Katy en el mercado y desde entonces no ha parado. Esta canción la tengo en casi todas las listas de reproducción de mi móvil.
  • 2009: “Human” (The Killers). Este año empecé a darle vueltas a la vida, su sentido, las gentes que hay en ella, las gentes que dejan de estar en ella y en por qué pasan ciertas cosas. ¿Somos humanos? Por cómo se comportan algunos, en ocasiones creo que no.
  • 2010: “Love the way you lie” (Eminem ft. Rihanna). Esta canción me ayudó a canalizar odio, frustración e ira en el peor año de mi vida. Las cosas no salen como las esperas. La gente miente, engaña, utiliza, defrauda… menos mal que el año acabó y todas esas emociones quedaron atrás.
  • 2011: “Some one like you” (Adele). Este año tampoco es que fuera muy bueno. En proceso de recomposición, nueva pérdida. Pero afrontar la vida como viene nos fortalece como personas.
  • 2012: “Call me maybe” (Carly Rae Jepsen). Nuevas metas. Nuevas ilusiones. Nuevas esperanzas. Aquí tienes mi número, llámame y te las cuento.
  • 2013: “Cero” (Dani Martín). José Antonio llegó a la familia sonando esta canción por las radios. Empezábamos de cero.
  • 2014: “Diez mil maneras” (David Bisbal). De triunfito con éxito a un cantante de carrera consolidada. No hay extremos. No todo es blanco o negro. Nada es imposible. Siempre hay diez mil maneras de ver y entender las cosas.
  • 2015: “El mismo Sol” (Álvaro Soler). Canción en positivo. Aunque muchas veces no lo parezca, todos somos iguales bajo el mismo Sol.
  • 2016: “Can’t Stop the Feeling” (Justin Timberlake). Ya que el padre tiene que ver la peli con el crío, al menos que la música sea buena. Y que completo es Justin. Vale p’a tó.
  • 2017: “Y si fuera ella” (Varios). No. No pongo el “Despacito”. En todos los años pasados, otros muchos artistas también han desfilado por mi vida. Y casualidades de la vida, como homenaje al gran Alejandro Sanz, muchos de estos buenos cantantes dejaron esta versión.

Y ya está. Este es mi breve repaso a mis cuarenta añacos. Si quieres puedes dejar tu opinión al respecto.

Ahora tan sólo queda esperar a mis segundos cuarenta años para que publique la siguiente lista.

 

 

 

 

 

¿Cuando fue la última vez que…?

VUELVE A (1)

¿Cuándo fue la última vez que fuiste andando por la calle dando saltitos y batiendo los brazos por el aire? Seguro que ya no te acuerdas. Pero hubo una época en que lo hacías prácticamente a menudo. Para ir a cualquier lugar, más cercano o más lejano. Allá cuando no existían preocupaciones. Allá cuando cada saltito que dabas era la viva expresión de la alegría de tu alma. Y no como ahora, que a tus treinta y tantos te cuesta regalar sonrisas, porque hay que controlar las emociones, hay que dar la imagen de persona seria y ante todo hay que demostrar a los demás que tu eres una persona fría que no se deja pisar por nadie.

¿Cuándo fue la última vez que soplaste un molinillo de viento? Sí, de esos de papel de colores, clavado en un palo o en una pajilla de plástico. ¿Cuánto tiempo dedicaste a soplar y a disfrutar de su ligero movimiento? Seguro que ya no te acuerdas. Pero hubo una época en que todo lo que había a tu alrededor se paraba porque tu sólo tenías ojos para el pequeño tornado de color que giraba según el capricho de tus pulmones. Y en ese momento eras feliz. Y no como ahora, que a tus cuarenta y tantos no tienes tiempo de perder el tiempo. Eso es un lujo imposible para ti, profesional con abultada agenda, con una gran cantidad de compromisos contraídos, con un trabajo que te atrapa y con una familia que te absorbe.

¿Cuándo fue la última vez que te balanceaste en un columpio? ¿Cuándo fue la última vez que sentiste la emoción de ver cómo tus pies tocaban el azul intenso del cielo? Seguro que ya no te acuerdas. Pero hubo una época en que te gustaba sentir mariposas en el estómago cuando hacías algo emocionante. Desde que aprendiste a darte tu mismo en el columpio, cada vez que llegabas al parque te ponías como meta llevar a tus pies al punto más alto del cielo. Y era una sensación que te pedía más y más. Y no como ahora, que a tus cincuenta y tantos sólo apuestas por lo seguro (de hecho, ya ni apuestas). Únicamente vives por preservar tu casa, tu familia, tu perro, tu trabajo. Tan sólo pides una vida ordenada. De las de sota, caballo y rey. Sin sorpresas, sin sobresaltos.

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste como un niño? ¿Cuándo fue la última vez que expresaste tu felicidad de forma espontánea y directa? ¿Cuándo fue la última vez que jugaste tan sólo porque te apetecía? ¿Cuándo fue la última vez que tu cuerpo vibró de emoción? A todos se nos olvida que una vez fuimos niños, que una vez fuimos despreocupados, que una vez fuimos capaces de asombrarnos por las cosas más sencillas y que una vez fuimos capaces de emocionarnos simplemente jugando.

Hoy veo a mi hijo de cuatro años hacer todas esas cosas y, además de darme una envidia de morirme (nunca he creído en la falsedad de la envidia sana), en cierto modo añoro aquella feliz infancia que hace ya muchos años dejé atrás. No obstante, procuro tener presentes estas preguntas en mi día a día. Es importante no olvidar aquellos buenos hábitos de nuestra infancia que tan felices nos hicieron. Siempre debe haber hueco en nuestra agenda para hacer aquello que nos hace felices, aunque sea tan sólo por un rato. Despreocúpate de vez en cuando. Pierde el tiempo en contemplar las cosas bellas que te encuentras (piensa que puedes estar invirtiendo en tu felicidad).  Juega ya sea sólo o con amigos.

Y lo más importante, pasa todo el tiempo que puedas con los pequeños de la casa. Ellos tienen mucho, pero mucho que enseñarnos. Siendo como ellos, seremos mejores personas.

Con la wifi “on-my mind”

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MIT Conference room – Presentación “Proyecto Allways on my mind”

Ya es una realidad: científicos del MIT han conseguido implantar un sistema de conexión wifi en seres humanos, concretamente en varios sujetos que se presentaron como voluntarios y que fueron cuidadosamente seleccionados, toda vez que los primeros experimentos llevados a cabo con moscas de la fruta, ratones, primates y cerdos vietnamitas tuvieron un resultado exitoso.

Este importante logro ha sido posible a los importantes avances alcanzados en los últimos años en cuanto a Biotecnología aplicada a la Medicina, en los que han desempeñado un papel muy activo e innovador las fundaciones filantrópicas de importantes empresas de telecomunicaciones y servicios de Internet.

El Doctor August Emmerich, Director Jefe del Proyecto “Allways on my mind” expuso el pasado martes los resultados obtenidos tras efectuar un seguimiento de un año completo a los diez sujetos que voluntariamente se les insertó en la zona del hipocampo una NNC (Neural Network Card), una minúscula tarjeta neuronal de red con un interfaz integrado que, con la propia energía del cuerpo humano, es capaz de conectar su red neuronal a redes inalámbricas mediante tecnología wifi, valiéndose del ancho de banda de los 5GHz, por lo que se asegura una gran velocidad de conexión. El límite lo pone su cerebro.

¿Qué utilidades tiene la NNC?

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NNC (Neural Network Card)

Aunque el desarrollo de esta nueva tecnología no tiene límite, entre las utilidades que ha expuesto el Doctor Emmerich, destacan las siguientes:

1º) Superconectividad: su cuerpo ya puede conectarse a la aldea global. Toda la información que necesite quedará al alcance de su mente en cuestión de microsegundos. GoogleWikipedia, Facebook, YouTube, Amazon… todos ellos manejados con su cerebro. Aprender sin estudiar será posible.

2º) El cerebro como unidad de almacenamiento: en función de la memoria de cada sujeto, usted podrá añadir aplicaciones de productividad, de entretenimiento, de inmersión en realidad virtual, y, lo más importante, de monitorización de su estado de salud. Ya no será necesario acudir al médico. A tiempo real se le comunicará cualquier alarma que se produzca en su cuerpo (problemas de salud, calorías consumidas al cabo del día, distancia recorrida o el número de veces que ha pasado por el aseo).

3º) Geolocalización: la brújula interna, que todo humano lleva dentro, informará de su posición en todo momento gracias a la NCC. Este sistema permitirá localizar a terceras personas de su interés de forma sencilla y rápida, dejando obsoleta la geolocalización por satélite y la triangulación de señales terrestres.

4º) Adiós a la burocracia: las Administraciones Públicas tendrán hilo directo con el ciudadano. Adiós al Documento Nacional de Identidad, al número de la Seguridad Social o al Carné de Conducir, de Pesca, de Caza o de la Biblioteca. Adiós definitivo al papel. Y lo mejor, por fin habrá un medio definitivo para comprobar la correcta conducta de los ciudadanos, garantizándose en todo momento la seguridad de la población civil, de manera que ante la mínima conducta de riesgo detectada, el ciudadano infractor será bloqueado de inmediato.

Problemas a solucionar.

Después de un año completo de seguimiento por parte del numeroso equipo de científicos liderado por el Doctor Emmerich a los diez sujetos a los que se les implantó una NNC, se detectaron varios problemas, los cuales aún se encuentran en trámites de solución:

  • Pese a tener toda la información posible a su alcance, los sujetos no han hecho uso para ampliar conocimientos, sino para interactuar con terceros. Han accedido más a Meetic o Badoo que a Wikipedia, portales de formación, o webs especializadas. Los portales de porno también han sido muy visitados por varios sujetos.
  • El software ha presentado ciertos problemas que han incomodado a algunos sujetos, pues sin querer, varios de ellos han publicado por error imágenes capturadas por su visión en redes sociales, de las cuales algunas de ellas se han hecho virales. El sujeto 2 (hombre) miró el escote de la mujer de su vecino y apareció en Facebook con un “me gusta”. El sujeto 7 (mujer), durante la boda de una de sus amigas, publicó en Twitter su opinión respecto a la novia con el texto “qué feliz está esa perra… no sabe que me tiré al novio anoche”.
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Publicaciones erróneas en redes sociales

  • El software de intercambio de pensamiento también debe pulirse. No se han podido habilitar los filtros necesarios para evitar que los 10 no queden expuestos a la total verdad de los demás. De hecho, los sujetos no quieren encontrarse entre ellos. Es molesto saber cuándo un sujeto quiere ir al aseo, cuándo un sujeto tiene pensamientos libidinosos, cuándo a un sujeto le pica la nalga izquierda o cuando un sujeto no puede parar de tararear para sus adentros “La Macarena”.
  • Tampoco se ha podido avanzar mucho con respecto a la descarga directa de contenidos para el cerebro, toda vez que hay muy poco contenido desarrollado para tal fin. No obstante el equipo científico ha quedado un poco perplejo con un sujeto que ha sido capaz de descargarse una gran cantidad de música y películas mediante portales de enlaces de P2P. Es español.
  • El sistema de geolocalización se interrumpe y una voz que dice “recalculando” empieza a repetirse en el interior de los sujetos, una y otra vez, llegando a molesta. Una manera que han descubierto los sujetos de interrumpir el sistema de geolocalización es envolver sus cabezas en papel del aluminio. Al principio molestaba a los sujetos que sus familiares y amigos se sorprendieran de verlos con la cabeza envuelta en papel de aluminio, pero la creatividad de los sujetos se ha disparado y ahora llevan unos bonitos gorros muy elaborados.
  • Con respecto a relaciones con las administraciones públicas no se ha podido ver nada. Se espera que en veinte años muchas de ellas dejen de trabajar con Windows XP y Windows Server 2003.
  • También hay que trabajar con respecto a la seguridad e instalar firewalls y antivirus en la NCC. Al menos cuatro sujetos fueron víctimas de un ransomware. El sujeto español compartió con otros tres varios contenidos descargados que estaban infectados. Los cuatro sujetos estuvieron en cuidados intensivos durante dos semanas ya que tuvieron que ser formateados para posteriormente reinstalarles su copia de seguridad.

Próximos retos.

El desarrollo de la NNC es tan sólo un paso para todo lo que vendrá. El tiempo en que la humanidad será un sólo pensamiento se acerca. Todos seremos uno, todos sentiremos como uno, todos pensaremos como uno. Compartir alegría, tristeza, orgullo, hambre, satisfacción, dolor… a la vez. Adiós a las clases, adiós a las luchas, adiós a las intolerancias, adiós a las discriminaciones. El día en que la raza humana actúe como una colmena está próximo.

Claro, que con la mierda de cobertura de ADSL que me llega a casa, cerca, lo que se dice cerca, va a ser que no. ¿Estamos tontos o qué?

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Buscando señal wifi por mi pueblo

Westworld: mi favorita en 2016.

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Hace unos días que disfruté la primera temporada de la serie de HBO “Westworld”, realizada con la buena factura propia de la casa, escrita por Jonathan Nolan, producida por J.J. Abrams, protagonizada por buenos y conocidos actores y que además nos trae una interesante historia de ciencia ficción que consigue que más de uno se plantee el hecho de que, en un futuro no muy lejano, una máquina podría llegar a adquirir conciencia por sí misma.

La idea no es nueva. De hecho la serie está basada en la película del mismo nombre (en su traducción al español, “Almas de Metal”) que en 1973 realizó Michael Crichton (sí, el de “Parque Jurásico”), que a su vez estaba basada en su propio libro. Y es que se ha escrito mucho sobre las posibilidades de la inteligencia artificial y también se ha rodado mucho tanto para cine como para televisión: los replicantes de “Blade Runner”, el ordenador HAL de “2001:una Odisea del Espacio”, el pequeño David de “Inteligencia Artificial”, la pequeña española “EVA”, los 7 cylons humanoides de “Battlestar Galactica”… todos ellos máquinas con alma que han llevado el peso de sus respectivas historias.

La idea de la máquina con alma a mí me impacta bastante desde el punto de vista de la razón, pero también desde la fe. Cuanto más conozco del cuerpo humano, más lo entiendo como una máquina compuesta de materia viva, movida por química e impulsos eléctricos, cuyo fin es asegurar su propia existencia.

Cuando en ocasiones me pongo existencial a consecuencia de las dudas que me asaltan con respecto al por qué de mi mortal existencia, acudo a los psicotrópicos, a la botella de Anís del Mono, y ya puesto, también a la fe, siempre obteniendo la misma simplona respuesta. La misma simplona respuesta que desde el comienzo de los tiempos, cultura tras cultura, ha logrado aplacar las dudas referentes a su existencia de otra mucha gente: nos ha creado un ser superior. Ya sea Dios, una sociedad alienígena avanzada que nos cría como ganado o simplemente que vivimos en “Matrix” (nene, ¿qué te has fumado?) y que no somos más que meros programas.

Aunque una plausible respuesta pudiera ser que el Universo en sí es consecuencia del libre albedrío y que no hay nada más detrás del misterio de la vida, los mortales preferimos creer en ese argumento mágico por nuestra autoafirmación, por no estar continuamente en la inseguridad. Por ello, ante toda idea impregnada de cierto misterio, el ser humano tiende a relacionarla con entes de inteligencia infinitamente superior a la nuestra. Desde la creación de la vida en La Tierra, pasando por la construcción de las pirámides, la finalidad de las pistas de Nazca, las piedras de Stonehenge, y acabando con la melena al viento de Trump o la “Salchipapa” de Letizia Sabater.

En “Westworld” contamos con creadores y creados. Se nos enseña cómo los creadores programan recuerdos de vivencias no vividas a los creados para que estos tengan las respuestas necesarias para acallar los vacíos de su propia existencia, para poder atender sus porqués respecto a la vida. Sufrimos con los creados ante cada reinicio del eterno bucle en el que viven cada día, abriendo los ojos por la mañana en su cama y cerrándolos en cualquier otra parte atónitos al sentir el desagradable desgarro de una bala rompiendo su cuerpo. Y expectantes durante toda la trama, asistimos al despertar de la conciencia en los creados, sabedores de que son creaciones de otros seres, aunque acaso ¿más inteligentes?

En definitiva, vemos como un tema recurrente de la Ciencia Ficción se nos presenta en un formato visual sumamente cuidado y con un relato que, además de enganchar al telespectador, trasciende a temas meramente metafísicos, sobretodo porque si bien hoy puede sonarnos a fantasía y entretenimiento, tal vez dentro de 50 años pueda sonarnos a realidad, y además de ver robots como elementos de cotidianidad, incluso sea posible que una inteligencia artificial replique nuestros pensamientos, nuestra alma, para el resto de la eternidad (sí, incluso la de Letizia Sabater).

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