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«Prescindible».

Imagina una máquina que te copie el cuerpo. Una impresora que te clone con material orgánico, creando una réplica exacta de tu cuerpo, célula a célula. Conforme la espichas, esta impresora rehace tu cuerpo y además te copia tu memoria pudiendo seguir tu vida por donde la dejaste. Bienvenido a la inmortalidad.

Imagina vivir en un mundo donde la humanidad cuente con desigualdades extremas (un mundo hacia el que nos encaminamos, si bien me gustaría creer que aún queda algo lejano). Un mundo en el que las vidas de muy pocos valen exponencialmente más que las vidas de muchos. Un mundo donde no quede resto alguno de eso que hoy llamamos derechos humanos y donde hayan personas que pueden ser consideradas como prescindibles.

Imagina el uso que se podría hacer de esas personas prescindibles. Esa futurible humanidad encabezada por siniestras élites, que dejarían a los Illuminati como auténticos corderitos, les asignaría las tareas más humillantes y peligrosas al no conferirles valor. Total, si de los prescindibles podemos hacer cuantas copias queramos.

Pues de eso va la película «Mickey 17» (2025) de Bong Joon-ho (el director de la oscarizada Parásitos). Se trata de una buena película de ciencia ficción, de las que te dejan reflexionando una vez que las has visto. Mucho efecto especial al servicio de un planteamiento original, que trata este asunto con humor y abierto al optimismo. En ella conoceremos al bueno de Mickey, que va por su versión 17 (lo que quiere decir que ya han existido 16 versiones anteriores). Cada versión es diferente, pero cada nueva versión acumula la memoria de las experiencias vividas por cada una de ellas.

A todo el mundo no le gusta el genero de la ciencia ficción, pero te guste o no, lo cierto es que en este género, cuando la obra es buena, siempre se plantean ideas que el lector o el espectador pueda rumiar más allá de su mera lectura o visionado. En este caso, la película te lleva a reflexionar acerca del valor que uno mismo se da como persona, de lo uno cree merecerse. Hace plantearte el hecho de si una copia completa tuya sigue haciendo que seas tu, si mantiene tu identidad. Incluso te puede hacer pensar en esa costumbre humana de llegar a un lugar extraño y arrasar con sus habitantes, llamémoslo colonialismo. Pero en mi caso, la idea a la que más vueltas le di tras ver la película es la de si soy prescindible como Mickey. Si hay otros muchos Mickeys prescindibles a mi alrededor.

La verdad es que siempre he abrazado esa idea del «pobre del que se crea imprescindible» porque el que lo crea está abocado a darse una buena ostia de realidad antes o después. Si la vida, en sentido amplio, está hecha para seguir su curso, cuán irrelevante puede ser la vida de una persona. Si desaparezco de un grupo, el grupo sigue su marcha. Si salgo de una organización, esta prosigue con su actividad. Si se detiene mi vida, las vidas de quienes me rodean continúan. Y así por los siglos de los siglos.

Porque una persona es tan solo una simple molécula de un minúsculo granito de arena en un vasto universo. Es insignificante. Es prescindible. Pero todos conocemos personas que han marcado y marcan diferencias, generan impacto, se hacen querer, nos hacen ser mejores. Mientras que hay personas tristes que guardan, que no enseñan y que odian, también hay personas que comparten, que enseñan y que aman. Personas que no serán imprescindibles, pero que llenan de luz nuestras vidas.

Tras ver esta película me acordé de Angelín, un histórico compañero de trabajo que se jubiló no hace mucho y que siempre que habla suelta al aire filosofía de la buena, de esa que enseña la vida a golpe de realidad. Angelín siempre decía que «nadie es imprescindible, pero todo el mundo es necesario«. Una gran verdad: aunque todos seamos prescindibles y el sistema esté configurado para seguir funcionando, cuando una persona desaparece, también desaparece su experiencia, su forma de hacer las cosas, su forma de ver la vida, su esfuerzo.

Tal vez la vida sea efímera y yo pueda ser prescindible como Mickey 17, pero confío en dejar mi impronta a todas aquellas personas que me lo permitan.

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