Para tí, especialito.

Guía de autoayuda

Querido lector, tu que has llegado hasta este humilde blog, bien porque te aburres mucho, bien porque incluso me has leído alguna que otra vez, estás de enhorabuena, porque te voy a revelar un secreto que impactará de pleno en tu gregaria y ordinaria vida corriente, y sí, emociónate, te transformará en algo mejor de lo que eres: un ser especial.

Enciérrate en un silencioso lugar. Acomódate. Aflójate el cinturón. Inspira profundamente. Concéntrate. Prepara tu mente para mi gran secreto. Allá va: “Para ser especial solo hay que querer serlo“.

Para conseguirlo únicamente has de seguir los consejos que te brindo. De ese modo, sin apenas trabajo, pero con mucha constancia, podrás ser esa persona especial que quieres ser:

1º) Preséntate allá donde vayas como una persona especial. Adorna lo que eres. Si trabajas en el campo, indica que eres un técnico hortofrutícola. Si eres camarero, di que eres un profesional de la hostelería. Si eres electricista, indica que te dedicas al complejo sector de la energía. Si eres autónomo, preséntate como gerente, pero llenándote la boca (repite, gerennnnte). Y si eres empresario, gerente o directivo, con los tiempos que corren, mejor no lo digas, que queda feo y además la gente te tomará por un sobrado. Siempre puedes decir un “me dedico a mis cosas“.
2º) Allá donde vayas, destaca. Hazte notar. Llega tarde para que todos te vean. Habla con todos. Muévete por el lugar. Y ante todo asegúrate montar un buen pollo. Por ejemplo, si estás en un vino español líasela al servicio. Los canapés o el vino son muy recurrentes y dan mucho juego para que te sueltes el pegote (que si el foie está pasado, que si el vino no está caliente…). Con un buen pollo, todas las miradas te las dedicarán a ti. Así contemplarán lo especial que eres.
3º) Viste bien, pero viste para que te vean. Busca tu personalidad y transmítela a tu fondo de armario. Tal vez seas hipster, swagger, muppieheavy, punk, mod, indie o rocker… ¡y aún no lo sepas!. Sírvete de Google, navega entre todas las páginas y blogs de moda. Compra el Cosmopolitan. Tienes que vestir de forma única. Aunque no tengas gusto ni clase, puedes autoconvencerte repitiéndote una y otra vez que eres especial. Si no te autoconvences, a base de talonario siempre podrás ponerte en manos de asesores de imagen. Muchos de ellos no tienen ni gusto, ni clase, pero se creen especiales y te ayudarán para que todo el mundo sepa que vistes a la última.
 4º) Cuando estés en una conversación y no tengas ni idea de lo que se hable, pon cara de mostrar interés. Esa cara es como la de un jedi, pero moviendo la cabeza de arriba a abajo. Si has de hablar suelta un “opino lo mismo“, “estoy contigo“. Tu como si supieras. Ante todo pareciendo interesante. Si tienes que soltar una cita, atribúyesela a Einstein, que como el hombre dijo tantas cosas durante su vida, nadie sabrá si la cita es de verdad o no. Y ante todo muestra seguridad. Como des señal de no saber, algún listillo te va a buscar las cosquillas y te hará una pregunta incómoda. Llegado ese caso, usa la técnica del comodín de la llamada: coge tu teléfono móvil, finge que tienes una llamada urgente y que te debes retirar un momento, excusándote ante la audiencia.
Amigo lector, estas pequeñas pinceladas contribuirán a que te muestres al mundo entero como el especialito que puedes llegar a ser. Práctica. Trabaja. Persevera. En breve todos hablarán de lo especial que eres. Podrás pasar a la posteridad como ese ser especialito que estaba en boca de todos. E incluso puede que, llegado el día, sobre tu tumba, escrito en mármol, como epitafio podrás poner “aquí descansa una persona especial que jamás leyó el cuento del traje del emperador“.

Distinta música, distinta película.

La banda sonora es el alma de toda película. Las imágenes no son entendidas igual si vienen acompañadas bien por un ritmo frenético, bien por una atronadora fanfarria, bien por un delicado cuarteto de cuerda, bien por un sencillo solo de piano. Incluso un sobrio silencio sepulcral también puede llegar a tener una alta carga emocional. De haber tenido otra banda sonora distinta, muchas de nuestras películas favoritas no habrían sido tal.

¿Qué habría sido de  “Star Wars“, “El padrino“, “El puente sobre el Rio Kwai“, “Superman“, “Gladiator“, “La Pantera Rosa“, “El tercer hombre“, “La Misión” si hubieran tenido otra banda sonora? Hay películas que son más recordadas por su banda sonora que por su historia. De hecho, tan sólo escuchando su música conseguimos traer los mejores momentos de una película a nuestro pensamiento, a veces viviendo esta situación con intensidad. ¿Quién no ha hecho deporte con el tema de “Rocky“? ¿Quién no ha hecho el ganso en la piscina haciendo el vuelo de “Dirty Dancing“? ¿Quién no ha recibido a un americano con alegría?

En 1975, un joven de prometedora carrera llamado Steven Spielberg, con tan solo 29 años, grabó su tercera película: “Tiburón“.  Trabajaba por primera vez para una de las majors de Hollywood, los estudios Universal, toda una gran oportunidad para su carrera. Si la jugada salía bien, podría tener carta blanca para rodar todas las películas que quisiera. Pero a pocos días de comenzar el rodaje todavía no tenía un reparto asegurado. Para colmo, una vez entrado en materia, el rodaje se alargó por el empeño del director aun inexperto de rodar en mar abierto (quedando sujeto a las inclemencias del tiempo, a cámaras que se mojaban, a barcos ajenos al rodaje que se colaban en el plano). Y para más fastidio, el peso de la película caía en “Bruce”, un tiburón metálico teledirigido que se fastidiaba cada dos por tres y que en cámara no convencía.

Todo se le puso en contra. Spielberg pensaba que  sería el final de su corta carrera como director. La película, con un presupuesto inicial de cuatro millones de dólares, incrementaba su coste a marchas forzadas (acabó costando nueve). Pero todos los problemas fueron superados finalmente por el ingenio del director: con humildad acabó accediendo a rodar en estanques para así poder controlar el agua y conseguir los planos que quería, con imaginación sustituyó al tiburón de hojalata por planos que sugerían su presencia sin mostrarlo en pantalla,  y contando con la ayuda de gente excelente dotó a la cinta de una banda sonora que llenaba de suspense la experiencia de visionado.

La película ganó ese año 3 premios Oscars: mejor montaje, mejor sonido y mejor banda sonora. Además, la banda sonora también ganó un Grammy, un BAFTA y un Globo de Oro. Desde entonces, John Williams, el creador de la banda sonora, ha acompañado con su música cada una de las películas de Spielberg. Desde entonces Steven Spielberg ha llenado su carrera de éxitos. Y desde entonces todos nosotros hemos tarareado más de una vez al bañarnos en la playa el CHAAAAAAAN-CHAN… CHAAAAAAAN-CHAN… CHAN-CHAN… CHAN-CHAN… CHAN-CHAN .. .CHAN-CHAN…